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Hilo: Segundo concurso de relato corto de Relojes Especiales - Foro General

  1. #31
    Avatar de lperezal
    lperezal está desconectado Forer@
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    Predeterminado Mi segundo cuento corto.

    Silencio.

    Don Filemón arreglaba relojes. Todas las mañanas antes del alba, levantaba su pesada cadera de la sucia y dura cama del inquilinato donde vivía, tenía un colchón corto y estrecho relleno de paja y esbozos de algodón. Descalzo, caminaba hasta la mesa y encendía la emisora de la Fundación Carvajal, todo el día escuchaba dicha esa emisora, la música clásica era la única que conocía, solamente escuchaba música clásica, nunca le pregunte el porque.
    Preparaba un café aguado reutilizando el colado del día anterior, se lo tomaba y entraba al baño a orinar y lavarse la cara, solamente se bañaba una vez por semana, no tenía para quien estar limpio. Usaba el mismo pantalón café, amarrado con una cabuya para que no se le deslizara por sus delgadas piernas, a sus 78 años la carne se escurría sobre sus débiles huesos; usaba una camisa de algodón de manga corta y rallas cafés sobre un fondo blanco, tan vieja estaba que se podía ver a través de ella: sus costillas se tallaban sobre su piel desierta. Zapatos sin medias.
    <o:p> </o:p>
    Tomaba sus herramientas, los relojes de la noche anterior y caminaba hasta al Centro Comercial Panamá, una caminata de 25 cuadras por las entrañas de aquella ciudad tropical de ardiente sol y ardientes mujeres, ciudad de deseo y sangre.
    <o:p> </o:p>
    Esperaba… esperaba la llegada de don Omar, el dueño del establecimiento: un cuarto de dos metros por uno y medio con tres estantes metálicos y blancos y dos cabinas de madera y vidrio, cabinas atestadas de relojes en reparación, repuestos, piezas inservibles, cajas, lupas, pinzas, herramientas. Don Omar entraba con paso cansado, sus 82 años no le deban mas aliento, sus ojos hundidos y su mal aliento, saludaba con un “como le va don Filemón” quien respondía con un “sobreviviendo don Omar, sobreviviendo”, don Omar se agachaba, liberaba los dos candados y habría la oxidada puerta, don Filemón encendía la luz y ambas almas en pena se sentaban en sus correspondientes cabinas, se encendía la radio y sonaba Khachaturian-Spartacus, don Omar habría el cajón y aparecían sus herramientas sobre un pañuelo sucio, don Filemón habría su maletín de cuero y disponía su arsenal.
    <o:p> </o:p>
    Trabajaban… trabajaban arreglándole los relojes a los otros relojeros de la ciudad, a aquellos que no sabían como, a aquellos Relojistas de barrio. Don Omar y don Filemón eran Relojeros de Relojistas.
    <o:p> </o:p>
    El medio día, almuerzo y tinto para el sueño, un descanso, pararse y estirar lo inestimable. Una mirada, una carcajada, un silencio, el trabajo de nuevo, un nuevo reloj, un madrazo “!! jueputa !!”, silencio de nuevo, Glazunov-Otoño, sus figuras encorvadas, lente al ojo, las manos ocupadas, el ocaso, una luz naranja invade el espacio, cuerpo erguidos, manos libres, la hora de salida. Don Filemón toma sus herramientas, dos relojes para entretenerse en la noche, don Omar se queda un poco más, “hasta mañana don Omar”, “que descanse don Filemón”, 25 nuevas cuadras, parada a comer, tamál y gaseosa, la puerta del inquilinato, las gradas, el cuarto oscuro, el baño de nuevo, estreñimiento, dos horas más arreglando aquel escape, Fundación Carvajal, la hora de dormir, acostarse del lado derecho para evitar la molestia en el nacido del cuello, “este nacido me va matar”. Silencio.
    "...Pálidas y bastas figuras, tremendas, solitarias, oscuras y desoladas, amantes fatales, misteriosas, condenadas a las infamias titánicas..."

  2. #32
    PET
    PET está desconectado Héroe posteador
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    Predeterminado

    Reflexiones de un reloj a las seis de la mañana.

    La redondez de mi esfera representa el correr sin salida ni llegada, y no adviertes que no tiene sentido preocuparse en exceso por un gramo más de mi calidad, porque si fueses consciente, ese gramo lo aportarías a tu vida y no me lo aportarías a mi. No recuerdas lo que eres? Eres menos que yo, eres un poco de polvo y, a veces, polvo a la defensiva porque te encaras con los que son lo mismo que tú, para defender un centímetro cuadrado de terreno que puede ser tu ruina. No sabes lo que te conviene, y pasas la mitad de tu vida observando cómo te cuento las verdades del barquero. Estas, no son otra cosa que la cuenta atrás para que te extingas, mientras, yo, aquí seguiré, y alguien me cuidará mejor o peor, pero no es probable que acabe como tu porque el ser humano es demasiado codicioso para destruirme cuando por mi pueden sacar un precio. Yo represento un valor incluso económico, pero no se lo que representas tu. No tienes valor material, el fin de tus días está escrito en tu reverso, y a pesar de ello te pones chulo, gritas, discutes, copulas, comes y duermes, te estresas. Pobre ignorante. Si supieses cuanto te queda de vida, si supieses que hoy mismo vas a rendir cuentas, ni mirarías tanto tu reloj, ni porfiarías por su calidad, estimado Pet. Siempre me has defendido y me has cuidado y verdaderamente no tengo queja de ti, pero ¿te das cuenta ahora de lo estéril que era discernir si yo era o no manufactura?

    Tu eres manufactura, y en cambio tu volante se parará antes que el del más sencillo y económico de mis compañeros. Yo comprendo que te sientes superior a un humilde reloj porque a mi me puedes destruir y en cambio yo a ti no. Pero, a que no tienes valor para pisarme contra el suelo? No será que estás demasiado apegado a los bienes materiales? Qué harás esta noche cuando cierres por última vez los ojos, confiando en que mañana saldrá el sol para ti también. No te parece amigo mío, mi dueño y señor, que si supieses que yo iba a señalar tus últimos segundos antes de que me llevases a la primera revisión, hubieses modificado tu modo de actuar con los demás?

    Querido amigo, sigue durmiendo, que hoy va a ser un día duro.

  3. #33
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    Goldoff está en línea Administrador de RE
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    Predeterminado Seudónimo: "Emile"

    Producto nacional

    La mar en calma, el sol radiante, el horizonte limpio de primavera recién estrenada. La comida en el buque de transporte había sido copiosa y nos invadía una somnolienta modorra. El desembarco de vehículos para las maniobras casi había terminado. El regreso a tierra se convirtió en un agradable paseo mientras un Mediterráneo tranquilo y perezoso nos zarandeaba ligeramente dentro de la barcaza de desembarco.

    A mi lado, mirando por encima de la alta borda y viendo acercarse la costa, se encontraba un marine de origen hispano, como tantos otros de este cuerpo. No había mucho qué hacer y la tarde en la ociosa travesía invitaba a la charla. Mi compañero de viaje hablaba de lo orgulloso que se sentía de ser norteamericano y de lo avanzado que era tecnológicamente su país. Comentaba la hazaña de la exploración espacial y que su país era el único que había puesto sus botas made in USA sobre el polvo selenita.

    No pude evitar que mis pensamientos fueran directamente a la imagen de un Speedmaster en la gruesa muñeca del traje espacial de Neil Armstrong bajando del Apolo XI. Intenté reconducir la charla hablando de esa pequeña maravilla de la mecánica suiza entre tanta tecnología espacial y derivar la conversación a un terreno en el que me sentiría más cómodo.

    El norteamericano no pudo evitar echar una mirada a mi muñeca y se quedó unos segundos observando mi Fortis Flieger. Viendo su interés, me atreví a explicarle que se trataba de un reloj automático. Inmediatamente advertí que la palabra automático lo confundía. Intenté explicárselo.

    - Funciona sin pila, dije. Para tratar de aclararlo y añadí desafortunadamente… Es suizo.

    A estas alturas de la conversación, ya me había percatado de que el tema relojero no era muy apasionante para él.

    - Pues yo siempre prefiero los productos nacionales a los extranjeros.

    Diciendo esto levantó la manga de su camisa, haciendo el típico gesto de quien te va enseñar su reloj.

    Me quedé dos segundos perplejo mirando el Casio G-Shock que asomaba en su muñeca y que me hacía guiños con el sol desde su rayado cristal. Sólo fueron dos segundos, pero enseguida pensé: ¡Qué guasa tiene el cabrón! Vaya broma.

    Le miré a los ojos con la sonrisa del que acepta la chanza y me topé con la indiferencia de quien está convencido de tener razón.

    Mis reflejos estaban perezosos. Tardé otro par de segundos más en comprender que lo decía en serio. ¡Aquel tipo creía realmente que su Casio era un producto americano!

    Una ligera sacudida me sacó de mi aturdimiento. La barcaza había puesto su proa contra el muelle flotante de desembarque y el portón frontal empezaba a bajar sobre la plataforma.
    La tarde era magnífica aunque marcara las horas un destartalado Casio al borde del desguace. ¿Qué importancia tenía discutir sobre su procedencia? No tenía sentido.

    Me despedí del orgulloso marine y no pude evitar pensar que los hombres somos como niños con nuestros juguetes. Probablemente aquel hombre tenía muy buenos conocimientos sobre armamento pero eso era otro tipo de juguete mucho más mortífero y siniestro que mis inofensivos relojes.

    Me gustaría ver su cara el día en que alguien tenga la paciencia de explicarle la verdadera nacionalidad de su reloj…

  4. #34
    Avatar de Galy
    Galy está desconectado Forer@ Senior
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    Predeterminado

    No es que vuelva sino que no me fui.

    Esta es una de esas situaciones que hay que contarlas ya que es de las que suelo inspirarme.

    Mis clientes ya no solo vienen a reparar sus relojes si no que al igual que mi sobrino nieto me piden nuevos cuentos, y aquí me tenéis recopilando información e inventándome historias de lo acontece en mi alrededor, en esta ocasión como en otras anteriores es un relato de lo acontecido con uno de mis clientes.


    Cuéntame un cuento al niño papa, le pidió la madre al padre, el padre empezó a buscar entre su apuntes donde sacar una nueva historia con la que construir algún nuevo cuento que no hubiera contado ya a su esposa y ha su futuro hijo, por mucho que busco no encontró ninguno que le convenciera, y por respuesta le dijo al tiempo que consultaba la hora de su reloj, ya va siendo hora de cambiar la pila, al día siguiente se dirigió al relojero reparador para pedirle el cambio de la pila, al tiempo que le decía.

    -¿a escrito usted algún nuevo cuento?

    - si en ello estoy pero tendrá que esperar unas semanas tan solo me faltan ilustrarlos y encuadernarlos.

    - no se preocupe por las ilustraciones y encuadernados.

    - no le comprendo.

    -si que si me los puede pasar sin ilustrar ni encuadernar.

    -hombre los cuentos si están ilustrados son mas atractivos y son mas amenos para niños y adultos.

    -si pero no puedo esperar tanto tiempo.

    -¿ y eso porque?

    -es que voy ha ser padre y me he quedado sin cuentos que contarle a mi esposa e hijo el que nacerá dentro de unos meses.

    El cliente marcho con la pila de su reloj cambiada y con un par de cuentos sin terminar tal y como le había pedido al relojero.

    Pasaron unos meses y el cliente volvió por el taller del relojero a comunicarle al mismo que ya había nacido su hijo y que todo había ido bien encontrándose madre e hijo con buena salud y el padre en baja paternal, al tiempo que le pidió al reparador

    -prepáreme una colección completa de sus cuentos para mi hijo.

    -como no será un placer.

    Así lo hizo el reparador de relojes y entre reparación y reparación fue preparando la colección (Los cuentos del tío Galy), y le hizo entrega de los mismos al cliente, y sin pausa y sin prisas los relojes fueron devorando segundos, minutos, horas, meses, años hasta llegado el día que al hijo le comunicaron que iba a ser padre y al padre abuelo, este ultimo cuando se entero de la buena nueva nervioso y veloz se apresuro a abrir el armario donde guardaba recuerdos de su juventud sacando del mismo uno de los muchos paquetes que en el guardaba el que hizo entrega a su hijo diciéndole estos son los cuentos que te contaba yo antes de que tu nacieras, y una cosa te pido que sigas la tradición cuéntaselos a tu hijo el que esta por nacer y cuando llegue el día que te vayan a hacer abuelo pásaselos a tus hijos y pídeles que ellos a su vez hagan lo mismo para que no se rompa la magia de los cuentos y se sigan transmitiendo de generación en generación la magia que guardan tan celosamente en su interior.

    De esta forma los cuentos del Tío Galy no es que volvieran de generación en generación es que nunca llegaron a irse.
    .Indalo borracho, Solo a las 6 horas el cuerpo del Indalo se coloca sobre su cabeza. Reloj de un tercio de cuadrante, y una sola aguja. Saludos

  5. #35
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    Predeterminado Seudónimo: "Rip Hunter"

    El amo del tiempo
    Rip Hunter

    Sintió la atracción de la urraca ante el brillo de un doblón de oro. Se vio a si mismo acercando el brazo a la repisa del baño y, mientras con una mano cogía el reloj que habían olvidado allí, con la otra ya abría la puerta por la cual salió con disimulo. En el vestíbulo de la estación le pareció percibir mil pares de ojos clavados en su nuca mientras apretaba con fuerza el puño que llevaba metido en el bolsillo. Buscó otro baño en el que encerrarse. Sólo entonces se atrevió a mirar el reloj. Era antiguo, él pensó viejo; con índices, él pensó rayitas; y de oro,… o por lo menos dorado, él pensó en venderlo; pero, inopinadamente, se ajustó a la muñeca izquierda la correa de cuero que le acarició la piel. Hacía ya años que había prescindido del reloj de pulsera en favor del de la pantalla de su teléfono móvil.

    Era casi mediodía. Vio la hora sin valorar la diferencia entre la fría cuenta digital y la aguja que batía los segundos en una esfera que cortaba el índice de las seis. No descifró lo que debía de ser la marca, dos palabras en la esfera en caracteres que recordaban la escritura gótica. Durante la tarde notó como el reloj le iba reclamando que mirara la hora. Él respondía con un gesto furtivo de la mano derecha sobre su puño izquierdo. Incluso le parecía oír como su propio pulso se acompasaba con el suave tic-tac de la máquina.

    Durante la cena mantuvo su brazo izquierdo bajo la mesa para evitar que ella lo viera, y antes de acostarse ocultó el producto de sus impulsos en el estante superior del armario. Se prometió que por la mañana encontraría una explicación que darle a ella para no sentirse como un ladrón. El despertar no fue tal. Ni tan siquiera parecía tener conciencia, ella le abofeteaba sin conseguir reacción alguna. Seguía inerte cuando el médico entró en la habitación, una hora más tarde. Atropelladamente ella le explico al doctor que aquella mañana apenas entreabría los parpados, no articulaba palabra y tenía la piel cenicienta.

    El medico quiso ganar tiempo para comprender aquel cuadro, pidió una manta con la que abrigar aquel cuerpo yerto. Ella se puso de puntillas para llegar al estante y tiró de un extremo. La manta se desplegó en el suelo y, sobre ella, cayó el reloj dorado que el doctor recogió. Al ver su esfera retrocedió 25 años, a la víspera del cumpleaños de su abuelo. El viejo le había llamado junto a la cama de la cual aquél día no había querido levantarse, recordaba las palabras textualmente: «no quiero cumplir cien años, nadie puede creerse el amo del tiempo, y por eso no voy a llegar a mañana.» No pudo levantar la mano para ordenarle que no le interrumpiera, lo hizo con la mirada mientras seguía hablándole, «lo que te voy a pedir tal vez te parezca extraño: Llévate mi reloj y empéñalo. No conserves el dinero. Gástalo, regálalo o tíralo. Tu padre se había hecho ilusiones de tenerlo, pero hoy sé que es la peor herencia que le podría legar. Llévatelo y, sobretodo, no te lo pongas ni le des cuerda».

    No lamentó incumplir, en cierta manera, aquel compromiso con su abuelo dándole cuerda ahora. Intuía que, a la primera vuelta de la corona, no sólo la pequeña aguja de los segundos reiniciaría la marcha, también daría energía al cuerpo de quien, sin saberlo, se había convertido en el amo del tiempo,… o en su esclavo.<!-- / message --> <!-- sig --> __________________

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  6. #36
    Avatar de klarkall
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    Predeterminado

    Perpetuo
    <o:p></o:p>

    No sé ya cuanto tiempo llevo aquí. Las esperas me matan. Y si son largas, mucho más. Pero tengo que esperar. Y espero, faltaría más. Tengo la sensación de que, al final, todo tendrá su razón de ser.
    <u1:p></u1:p><o:p></o:p>

    <u1:p>Mientras, observo. No hay nadie. Ni nada, salvo una mesa. Justo antes de entrar, me ha parecido escuchar voces. Y cuando ha llegado mi turno, y he abierto la puerta, alguien salía por el otro lado de la estancia.<u1:p> O eso me ha parecido.</u1:p></u1:p>
    <o:p></o:p>

    <u1:p>El tiempo sigue pasando. Echo un vistazo a mi muñeca, buscando mi querido reloj automático, movimiento perpetuo, maquinaria japonesa (¡benditos japoneses!) ... vaya, maldita deformación profesional. Parece como si estuviera en mi tienda, enseñando las bondades de esa máquina a ese cliente. No, a ese cliente no ... a ese amigo. Eso suena mucho mejor. Y a ese amigo, no quiero venderle. Quiero enamorarle. Quiero que se enamore.</u1:p>
    <u1:p></u1:p><o:p></o:p>

    <u1:p>Vaya, ya vuelvo a soñar. Y el tiempo sigue pasando.</u1:p>
    <u1:p></u1:p><o:p></o:p>

    <u1:p>Céntrate. Ibas a echar un vistazo a tu querido reloj.</u1:p>
    <u1:p></u1:p><o:p></o:p>

    <u1:p>Vaya por Dios. O no era muy querido, o algo ha hecho que me lo olvidara. ¿Olvidármelo? Sería la primera vez. ¿Dónde lo habré puesto?.</u1:p>
    <u1:p></u1:p><o:p></o:p>

    <u1:p>Esto se está haciendo eterno.</u1:p>
    <u1:p></u1:p><o:p></o:p>

    <u1:p>Espera. ¿Son voces?. Sí, lo son. ¿Pasan de largo?. ¡Nooooooooooooo! Maldita sea ... con la cantidad de cosas que tengo que hacer.</u1:p>
    <u1:p></u1:p><o:p></o:p>

    <u1:p>Hoy he quedado en que yo llevaba al crío al colegio, antes de ir a la tienda.</u1:p>
    <u1:p></u1:p><o:p></o:p>

    <u1:p>Mi hijo. El fin de semana pasado pude disfrutarlo con él todo entero. Tuvimos, durante dos días, tooooooodo el tiempo del mundo para nosotros solos. Y hoy, tres días después, voy a volver a verlo. Mi ex esposa ha accedido a que hoy me encargue yo de llevarle.</u1:p>
    <u1:p></u1:p><o:p></o:p>

    <u1:p>Y ahí estoy, preparándome. Ducha ... desayuno ... hoy, vestimenta algo más informal ...</u1:p>
    <u1:p></u1:p><o:p></o:p>

    <u1:p>Estoy listo. Llaves, cartera, reloj ... ¡vaya!, que tarde es.</u1:p>
    <u1:p></u1:p><o:p></o:p>

    <u1:p>¿Reloj? Es verdad. Me puse el reloj. ¿Y ahora no lo tengo?</u1:p>
    <u1:p></u1:p><o:p></o:p>

    <u1:p>¡Ya lo recuerdo! Lo llevaba en el coche. Lo he mirado, y he notado que algo no iba. He movido el brazo, pero aquello seguía sin ir. Y me he despistado. Y ... </u1:p>¡mieeeeerrrrrrrda! ... me he …
    <u1:p></u1:p><o:p></o:p>

    <u1:p>Más voces. Ahora sí entra alguien. Y me resulta familiar (¡que típico tópico!). Pero así es. Y la losa de la certeza cae sobre mí. Sin darme tiempo. ¡Ohhhhhhhh, Diosssssssssss!. Sé lo que ha pasado. Mi despiste. El accidente.</u1:p>
    <u1:p></u1:p><o:p></o:p>

    <u1:p>Mi hijo. El coche. El reloj. Todo se ha quedado abajo. Mi vida. Mi tiempo. Todo.</u1:p>
    <u1:p></u1:p><o:p></o:p>

    <u1:p>Mi tiempo. ¡Je! Cruel realidad.</u1:p>

    Ahora tengo todo el tiempo del mundo.



    Saludos.

  7. #37
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    Predeterminado

    El RELOJ. EL TIEMPO Y YO, Y TUS SEGUNDOS VACIOS.

    Ya es tarde, qué malo es a veces el tiempo, y qué extraña es la vida. Miro tu espalda desnuda, miro esa esfera sombría, ahora tan lejos del deseo y tan cerca de la despedida. Nada, mudo, parece parado, pero no, marcha, ¿por qué no paras? ¿Nunca te detienes? ¿No puedes hacer una excepción? ¿Solo mientras ella se viste?.

    La vida es eterna, son cinco minutos, suena la sirena.. ....siempre me viene a la memoria esa canción tan triste, que breve es el momento que se escurre como el chorro de la fuente entre los dedos de un niño, como el agua caída en la tierra seca que solo hace el surco de su propia vida, que se nos cae encima como gotas de lluvia espesa que empapa hasta el alma, que solo detiene las palabras, las miradas y nos trae a la boca un sabor agridulce, un sabor a hierro, como a sangre, que es el frio y metálico sabor del adiós.

    ¿Estamos hechos de tiempo? ¿O es el tiempo el que está hecho de nosotros?.
    ¿Saben a tiempo los encuentros y también las despedidas?.

    Te veo salir, no sé si te volveré a ver, miro esa esfera circular, siempre vuelve a pasar por el mismo sitio ¿pasarás tú otra vez por mi vida?, Se lo pregunto al reloj, el reloj no contesta, solo desgrana el tiempo que se va, igual que tu, lo mismo que tu ¿estas también tu hecha de tiempo?.

    Te lo pregunto a ti, tu cara solo medio sonríe.

    Siempre mirando el reloj, siempre mirando la vida, ¿si cada segundo es distinto? ¿Por qué marcas tantos segundas iguales?, ¿Son iguales para ti todos los segundos?. No contesta el reloj, solo desgrana los segundos de forma impenitente, si tu y el tiempo tuvieseis sentimientos, a veces pararíais, daríais un momento de tregua, aunque solo fuese una tregua hecha de melancolía.

    Ya te has ido, solo quedamos nosotros, el reloj, el tiempo y yo, y tus segundos vacíos.

  8. #38
    Avatar de Goldoff
    Goldoff está en línea Administrador de RE
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    Predeterminado Seudónimo: "Mosur"

    El último gesto


    Sé que eres tú quien visita mi casa, por eso cuando regreso a ella durante la noche no tengo miedo y me pongo este reloj de hombre en mi muñeca, el único efecto tuyo y el más personal también. Curiosamente me lo hizo llegar mi marido, nuestro amigo entonces ¿recuerdas? Cómo voy a tener miedo de tú regreso después de haberte amado hasta dolerme el alma, después de saber que has venido a cumplir lo que me dijiste con la voz rota en el campo de aviación hace años. Mi hija, en cambio, duda y abre sus ojos de aprensión cuando le cuento que desde la muerte de mi marido alguien invisible entra en la casa y pone sobre la mesa el reloj de esfera negra y sobre el viejo albúm de fotografías la foto borrosa en la que estamos tú y yo apoyados en un bombardero. Ella piensa que soy yo misma y no un fantasma quien coloca el reloj y la foto sobre la mesa y luego me olvido, que la edad y la soledad me hacen desvariar. Pobre hija mía, que equivocada está; sé muy bien que la soledad está poblada de seres intangibles que nos envuelven y nos palpan con dedos largos y leves, pero yo me siento acompañada. Estoy contigo, sobre todo cuando toco este reloj y miro la foto, entonces casi puedo percibir el calor de tus manos sobre mi cuello, tu mirada lenta, tu respiración acezante sobre mis pechos. En esta foto estoy pegada a tu costado, con el pelo suelto y el mono azul, sintiendo el peso de tu brazo sobre mis hombros, observando tu reloj, la hélice quieta sobre la esfera negra rodeada de números luminosos. Te recuerdo recostado en la cama de sábanas desgastadas de la Pensión Oriente, desnudo, pleno de habernos tomado con tanta furia y tanta ternura al mismo tiempo, deslizando las yemas de tus dedos sobre la corona de este reloj, llevándotelo al oído para escuchar el incansable tic tac. Me dijiste que era como un buen acompañante, no sólo un laberinto de ruedas y piñones rodando con fría obediencia, y que muchas noches te venía el sueño escuchándolo, siguiendo con el oído su palpitación mecánica. Ese fue tu último gesto, llevarte el reloj al oído antes de poner en marcha la hélice.

    Recuerdo que aquel día te acompañé a la pista, al amanecer. El suelo me pareció helado a pesar de estar en pleno verano. Durante el trayecto luché por contener mis lágrimas pero se me derramaron sobre tu cara al bajar del coche y ser consciente de que te alejabas. Todo eran hombres con voces nerviosas y miedo en sus ojos, risotadas histéricas, mareaba el denso olor a combustible y a pólvora.
    «Nunca te dejaré sola», me dijiste tras un beso desesperado y urgente, con voz temblorosa y enamorada, caminando ya de espalda hacia tu escuadrilla. Eran las seis y media de la mañana, no se me olvidará nunca, los mismos números que marcan las agujas desde que yo lo tengo. Debes saber que el tiempo para mí se detuvo aquella madrugada, a esa hora, a pesar de haber compartido muchos años tranquilos con otro hombre, uno de nuestros amigos. « Nunca te dejaré sola», estuve repitiendo en voz baja, vida mía, mientras tu avión zumbaba como una mosca gigantesca sobre el cielo de Madrid, camino de una muerte segura sobre las aguas del Ebro.

  9. #39
    Avatar de Petit
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    Predeterminado El sueño del tiempo

    El sueño del tiempo

    Estambul, junio 2007

    Se sentía la calidez en el aire, propia de la época, impregnada de los aromas especiados y dulces de Oriente mezclados con la modernidad de Occidente. Todo ello sutilmente combinado como en ningún otro sitio, podría suceder.

    La antigua Constantinopla, capital de Bizancio, que los otomanos cambiaron su nombre, por Estambul, que significa “la ciudad”, pues su esencia, fueron incapaces de borrar.

    Situada a caballo, entre dos continentes, Europa y Asia, cuna de civilizaciones, y que nos hace experimentar extrañas sensaciones.
    Desde toda la ciudad se pueden divisar, puntiagudos minaretes fruto de la civilización árabe, así como monumentales cúpulas, son el vestigio del gran imperio bizantino y que están compartiendo protagonismo con fríos edificios, de acero y cristal….

    Caminando por sus laberínticas calles, adivinamos en propia persona, que sintieron los antiguos habitantes de esta emblemática ciudad.
    Allá a lo lejos y de forma imponente, se alza majestuosa, la iglesia de Santa Sofía, ora iglesia, ora, museo, que muestra la grandeza de otros tiempos, la de los grandes imperios .

    Sus puertas abiertas, invitan a miles de turistas y pelegrinos a entrar, de una forma casi mágica, cuando de repente, te encuentras traspasando su majestuoso umbral.

    En su interior se encuentra un museo, con piezas de un valor histórico incalculable. Coexisten en un mismo lugar, mezcolanza de objetos, cuyos orígenes son de lo más variado. Piezas procedentes del imperio romano, joyas bizantinas, espadas otomanas, libros árabes, todo ello en una más que perfecta armonía, como todo lo demás en dicha ciudad.

    Entre todos esos curiosos objetos, llama la atención, un deteriorado reloj de arena. Vemos… como ha sido maltratado por el paso del tiempo, por la ignorancia… hasta que fue recuperado para una prosperidad… dentro de una urna….

    No se encuentra ningún cartel especificando su origen o datación histórica. Se halla solo, expectante, con el único recuerdo de siglos y siglos de horas pasadas, ya olvidadas.

    Un objeto inanimado, evidentemente sin sueños ni emociones…o no??? Quizás quiera seguir controlando el tiempo, su tiempo, pero… ¿cómo hacerlo? Si está atrapado dentro del pasado, dentro una forma arcaica de medir el tiempo, ojalá pudiera evolucionar, escapar de su forma creada por manos humanas, hace ya tantos siglos.

    Evolucionar, evolucionar…para convertirse en uno de esos curiosos objetos, que ve a diario, desde la soledad de su urna hermética, luciendo en la muñeca de miles de turistas…extrañas piezas brillantes de metal, dotadas de una compleja maquinaria exacta y precisa….que parece ser, que son la forma actual de medir el tiempo.

    Sofisticadas maquinas, que le provocan un estremecimiento y una atracción desmedida con solo observarlas… viendo como rezuman precisión y exactitud.

    Desde su impoluto receptaculo, sueña día tras día en poder ser como ellos…una vana esperanza, que se apodera de él.
    Cierto día, un nutrido grupo de turistas, se detiene delante de él, escucha entonces, como lo elogian.

    Dicen de él, que es una hermosa antigüedad, creada para que perdure a través de las épocas, recreándose en su función…. “medir el tiempo”…Se da cuenta entonces, que todos ellos llevan en sus muñecas, esos hermosos ingenios, pero aún así, se detienen para observarlo y elogiarlo…a él…

    Entonces… en ese preciso instante, cae en la cuenta, que el cometido para el cual fue creado, sigue siendo válido. Él puede seguir mesurando el tiempo, más de forma distinta, a esas soñadas maquinarías.

    Sin agujas contando segundos y minutos, sin lujos ni sofisticación … él, no ha perdido su fin…

    Desde entonces, seguirá admirando su belleza, pero desde una perspectiva de igualdad. Todos han sido creados como verdaderas maquinas del tiempo ¡!!!!

  10. #40
    J A REINARES está desconectado SuperForer@
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    LA DESPEDIDA

    Por motivos de la vida,tube que dejar parte de mi vida atras,familia,trabajo,amigos,pareja,etcetc
    El motivo como no...una mujer...
    La peor parte como era de esperar se la llevo mi familia,en especial mi padre.
    Hombre rudo,serio,curtido en mil batallas con la vida y victorioso siempre,sin apenas cultura pero suplido en parte por su gran inteligencia.
    El dia que me disponia a partir,reunio a toda la familia en el salon y despues de besos y abrazos,llantos y mas llantos,mando que todos salieran para quedarnos solos los dos.
    Sentados en el sofa y con esa mirada de hombre altivo y a la vez padre de un hijo que se va,saco de su bolsillo un reloj plateado con una R mal grabada en una de las tapas,con voz entercortada empezo a hablar.
    -Este reloj,se lo dio mi abuelo a mi padre en su lecho de muerte,contagiado de una mala enfermedad.-
    Sus ojos brillaban como estrellas en la noche,siguio hablando.
    -Mi padre me lo dio a mi cuando lo trajeron herido de muerte en la guerra.
    Su voz ya no era fuerte,apenas un hilo salia de su garganta.
    -Ahora hijo mio,yo te lo doy a ti.
    Me levante del sofa,me acerque a el y mis brazos le rodearon dandole un abrazo con tanta fuerza como un crio,y le dige......
    -No papa,aun tienes que llevarlo mucho mas tiempo...................
    Aun lo lleva...................................