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Hilo: Paris Je t'aime (un rito horologico) - Foro General

  1. #1
    Avatar de oldchrono
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    Predeterminado Paris Je t'aime (un rito horologico)

    Paris Je t´aime
    (Relato de un rito horológico)

    “If you are lucky enough to have lived in Paris as a young man, then wherever you go for the rest of your life, it stays with you, for Paris is a moveable feast.”

    (“Si tu has sido suficientemente afortunado de haber vivido en París siendo muy joven, entonces, donde quieras que tu vayas, y por el resto de tu vida, ella permanecerá contigo, porque París es una fiesta que te acompaña.”)
    Carta a un amigo, 1950.
    De: “París es una fiesta”. Ernest Hemingway..

    ¡Ah! París, París.
    A pesar de no haberte conocido siendo yo muy joven, te siento conmigo donde quiera que vaya, y para siempre.
    Para mí, el pronunciar la palabra “París” tiene algo de magia. Como la magia del olor del pasto en el campo, después de una lluvia de primavera, o el sonido de las olas del mar, rompiendo mansamente junto a la orilla, al anochecer.
    París es como una dama muy bella y veleidosa, de la cual te enamoras. Es tan difícil escribir objetivamente sobre un lugar que amas, como lo es escribir sobre la mujer de la cual te has enamorado hace mucho tiempo ¿Acaso es posible no perdonarle algún defecto?
    París es una ciudad dividida drásticamente por un río serpenteante que la corta caprichosamente, en dos orillas. La ribera derecha, resplandecientemente culta, deslumbrante de lujosos brillos. Encontramos allí a la elegante diagonal que desemboca en su famosa Ópera, y al fastuoso edificio del Louvre, albergando su asombroso bagaje de tesoros artísticos y culturales.



    Toda la moda se despliega en ambas aceras de la coqueta rue de Saint Honore, la calle que se encuentra en una esquina con ese otro rincón deslumbrante que es la Place Vendome, poblado por las marcas relojeras y de orfebrería de mayor renombre mundial.
    También encontramos escondida en un extremo de la rivera derecha, a esa pequeña maravilla conocida como Place des Vosges, y en el extremo puesto, a la ancha y deslumbrante avenida de Champs Elysees, que desemboca en su fantástica “Etoile” de múltiples brazos y coronada por el no menos magnífico Arco del Triunfo.
    Quizás, como para equilibrar tanto brillo y espectacularidad, se encuentre allí, sobresaliendo como una isla elevada, el más bohemio de los barrios parisinos: Montmartre, con su plaza poblada de artistas callejeros, y la monumental y deslumbrante blancura del Sacre Coeur.





    La “Rive Gauche”, el lado izquierdo, aparenta ser más tranquilo, más bohemio, más latino. Montparnasse, el Latin Quartet, La Sorbonne… Es en este lado del río que encontramos al más famoso símbolo de la ciudad: la asombrosa estructura de acero diseñada por Monsieur Eiffel cuando ya se vislumbraba el final del Siglo XIX.



    En la rivera izquierda también encontramos al más sofisticado Saint Germain des Pres. Precisamente allí está emplazado nuestro pequeño hotel favorito, a pocos metros de la fuente de Saint Michel. El hotel enfrenta al Sena, frente al Pont Neuf y sobre el Quai des Grands Agustines, donde se alinean los bouquinistes junto a su orilla. Desde allí podemos ver la Ille de la Cité y Notre Dame, con sólo asomarnos al balcón.
    Por esas cosas de la vida, tuve la fortuna (que espero continúe conmigo) de poder visitarla muchas veces junto a mi esposa. Muchas más veces de las que alguna vez pude soñar. Allí nació mi primera nieta, y seguramente eso también ayuda a aumentar el encanto que tiene esta ciudad para mí, y el placer que siempre significa volver a estar allí.



    París son muchas cosas al mismo tiempo.
    Como el reconocer en ella a la ciudad descripta por Hemingway, o la fotografiada en el poético blanco y negro de mis admirados Cartier-Bresson y Doisneau. Cualquier punto desde el cual dirigimos nuestra mirada, nos ofrece una vista distinta, de postal de viaje, y esas imágenes las llevo en mi corazón. París puede ser el observar a los barcos y barcazas pasando debajo de los puentes y deslizándose a través de las aguas del Sena, o el sentir esa lluvia fina y fría en el rostro, al salir de la estación Abbesses. O tal vez el tratar de descubrir el bistro que ofrece la mejor “soup d´onion” para combatir el frío del invierno parisino. O ver a la vieja Torre, totalmente iluminada por las noches, lanzando su potente haz de luz a los cuatro vientos. ¡Aquí estoy! -parece decirme orgullosa.



    Desde hace algún tiempo tenía muchas ganas de cumplir con un “rito horológico” en París. Un placer que pude finalmente concretar hace una semana, durante una nueva breve visita realizada en compañía de mi esposa.

    Tomar el Metro y sentir que dominamos la intrincada red de vías que entrelaza subterráneamente a toda la ciudad, es una emoción especial. Nos hace creer por un instante, que somos un poco parisinos. Y si realmente la conocemos, no es difícil arribar al destino deseado, en forma rápida y eficiente. En este caso a Place Vendome.

    Claro que para llegar a un lugar determinado, empleando el Metro, el trayecto siempre incluye una caminata de algunas cuadras, lo cual agrega algo de encanto a la visión sorpresiva y deslumbrante que recibimos al doblar una esquina, y encontrarnos con la vista de la plaza, y su gruesa columna central desde donde una estatua de bronce de Napoleón I preside el lugar, allá arriba, dando la sensación de estar meditando infinitamente, sobre su pasado de glorias y derrotas.



    Una caminata alrededor de los edificios que rodean la plaza, nos hace pasar por delante de nombres legendarios: el Hotel Ritz, la nueva boutique de Rolex que abriera sus puertas hace unos tres años apenas, o las tiendas de cada una de las más conspicuas marcas relojeras como Blancpain, Patek Philippe, Piaget, Cartier, etc.



    Pero mi brújula personal apuntaba hacia un punto en particular: el número 6 de la Place Vendome, donde se encuentra la boutique central de Breguet, instalada en un venerable edificio del Siglo XVIII.





    El trámite para ingresar a cualquiera de estas boutiques es similar en todas ellas, y algo intimidante debo reconocer, para quienes como yo, no estamos acostumbrados a transitar el jet set o los altos niveles socio-económicos de quienes suelen pisar habitualmente, estos lugares: siempre nos abre la puerta un hombre muy alto y fornido, luciendo anteojos oscuros, y un pequeño artefacto en su oído, del que cuelga un cable enrulado que se pierde en el interior de su impecable traje también, indefectiblemente negro, quién nos brinda el “bonjour” formal, mientras nos recorre discretamente –o no tan discretamente- con su mirada enmascarada.
    Inmediatamente, pasamos a ser recibidos por un trío de vendedores que nos dan la bienvenida a coro, haciéndonos dudar sobre a quién de ellos debemos dirigirnos con nuestra primera pregunta.

    Les hago conocer qué es lo que busco, (en verdad, lancé mi pregunta al trío completo de vendedores, pues no sabía a quién de los tres debía yo dirigirme) y trato de adivinar una ligera desilusión en los ojos de la vendedora que me responde, al mencionar al más modesto de los relojes que allí se ofrecen en las bien iluminadas vitrinas.

    No obstante, no detecto el menor signo, y nos pide que la acompañemos a un recinto más reservado, adornado con vitrinas que exponen los diversos modelos de la firma, y nos invita a sentarnos frente a ella, quien ya se ubica tras un coqueto escritorio.
    Nos acomodamos, y una asistente trae la pieza solicitada. Me la entrega y me invita a colocármela en el pulso. Mi corazón late con más fuerza, y percibo el calor que seguramente ruboriza mis mejillas, justo cuando deposita la joya deseada en mi mano.
    Con cuidado hago lo que me indica, y le muestro a mi esposa, sentada junto a mi lado, mi muñeca donde brilla el Type XX Aeronavale, como una joya ansiada.
    ¿Te gusta? …
    - Sí.
    ¿Qué te parece? …
    - Pues, ¡date el gusto!...

    Y el gusto me lo doy.

    En los relojes vintage, uno debe descubrir sus historias ya escritas por alguien anteriormente, y luego ir agregándole la propia historia junto a nosotros.
    En un reloj nuevo, nosotros debemos ir escribiendo su historia desde el momento mismo en que lo adquirimos.
    Y aquí mismo comienzo a escribir la de mi Type XX.
    A la prueba del reloj, le sigue un papeleo extenso, llenado de certificados, manuales, y registro de nombre y número de mi ejemplar en el libro de clientes de la firma.
    Claro que mi nombre, (el de un ignoto cliente por cierto), figurará junto a otros verdaderamente famosos como Napoleón Bonaparte, Maria Antonieta, el Zar Alejandro de Rusia, la Reina Victoria, o Winston Churchill, me asegura la vendedora con una sonrisa, mientras continua llenando formularios con su estilográfica elegante.

    Siento que el instante tiene algo de ceremonia. Algo de rito. Un “rito horológico” me digo, aunque esta palabra no exista en el diccionario castellano.
    Me produce placer pensar en cuánto habré de disfrutar este nuevo reloj, y que luego, algún día, pasará a mi hijo, y luego a un nieto, y ellos lo reconocerán como “el reloj que el abuelo compró en París”.
    Finalmente, salgo a la calle, con mi esposa del brazo, y mi otra mano, una lujosa bolsa de grueso papel conteniendo un enorme y más lujoso cofre de madera y cuero. ¡Dios mío! ¿Cómo habré de llevar semejante caja en mi maleta de regreso a casa?
    Allí dentro de esa caja, está mi reloj, que no me he atrevido a poner en uso todavía. Me reservo el placer de observarlo en detalle, con tranquilidad, esa misma noche, en el hotel, antes de comenzar a usarlo.



    Marchamos por la rue de Saint Honoré con paso firme, el corazón latiendo apresurado, y sin poder reprimir una sonrisa que la satisfacción que me desborda pone en mi rostro. Intuyo que muchos transeúntes la habrán observado con curiosidad pensando: “¿de que se ríe este tío?”.
    Se que la felicidad plena y constante no existe. Son sólo instantes… pequeñas explosiones de felicidad, que hay que saber reconocer y aprovechar. Este es uno de esos instantes, y lo disfruto.
    Con el viento frío del fin del invierno parisino en el rostro, apuro el paso y junto a mi esposa me introduzco en la boca Art Nouveau del Metropolitain, que nos llevará hasta Saint Michel. Acaso el viejo Ernest tenía razón, y París “es” siempre una fiesta.









    “Lo único de lo cual se arrepiente un coleccionista, es de las piezas que no ha adquirido”.

  2. #2
    Avatar de Charly69
    Charly69 está desconectado Ya lo ha dicho casi todo...
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    Soy el primero en felicitarte por el hilo, aparte de muy currado, fotos muy bonitas de "Paris mon amour" y por ese estupendo y bonito reloj, ENHORABUENA es precioso, gracias por las molestias de ponerlo.
    Siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas.

  3. #3
    Avatar de oldchrono
    oldchrono está desconectado Magister Collector
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    Muchas gracias amigo Charly por tu gentil comentario (y a estas altas horas de la madrugada!!, no pensaba encontrar a ningun colega de España en linea!)

    En unos minutos estoy colocando las fotos del reloj en detalle, pero esas seguramente las veras mañana.

    Mil gracias y un afectuoso saludo, Tonin.
    “Lo único de lo cual se arrepiente un coleccionista, es de las piezas que no ha adquirido”.

  4. #4
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    cestommek está desconectado Moderador
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    Que fotos mas bonitas!
    Gracias por compartirlas.
    Un saludo

  5. #5
    Avatar de oldchrono
    oldchrono está desconectado Magister Collector
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    Presentando al Type XX Aeronavale



    Para los amigos que deseen ver algunas fotos del Breguet, que es la versión actual del reloj que fuese adoptado por las fuerzas Aeronavales Francesas en 1954, aquí van algunas tomas, junto a unos pocos datos técnicos.

    Este reloj, lleva la referencia 3800, y posee una caja de 39,5 mm de diámetro, de generoso espesor, como puede verse.







    Posee un bisel giratorio en ambos sentidos, y tapa roscada que asegura una estanquidad hasta 100 metros. La corona es atornillable.



    El mecanismo, es el conocido calibre 582 de Breguet, de 13-3/4 lineas, y 25 rubies, basado en el Lemania 1350. El movimiento es automático, con reserva de 40 horas aproximadamente.
    La foto del mecanismo, no es la de mi ejemplar, sino que fue obtenida de Internet.



    El dial es negro, con numeros arábigos con material luminoso, de excelente visión en bajas condiciones lumínicas.
    Posee tres sub diales, un contador de segundos continuo a las 9, acumulador de minutos a las 3 y acumulador de 12 horas a las 6.

    El cronógrafo se maneja con los clásicos dos botones laterales a la corona remontuar, pero posee además la posibilidad de emplear el sistema “fly back” o como dicen los franceses mas románticamente, “retour a vol”, que permite de una sola pulsación, regresar todas las agujas “a cero”, y recomenzar el conteo de la trotadora principal.



    El reloj se ofrece con una armis de acero, o bien con correas de cuero, con cierre “deployant”, en cocodrilo negro o marrón. En mi caso, opté por esta última opción, pues me gusta más el “look” sencillo y visualmente liviano de la correa de cuero.
    Siempre queda la posibilidad, de adquirir posteriormente, la de acero.



    Un detalle que me gusta mucho en esta pieza, es el cristal que, a pesar de ser de zafiro sintético, es de tipo “bombé” o curvo, lo cual le da un toque “retro” al conjunto.
    Me gusta mucho más que el cristal moderno plano, que se usa por ejemplo, en los Submariners actuales, mientras que en los vintage de dicho modelo, se usaban los de plástico bombé. Por eso aplaudí cuando Rolex presentó su nuevo Deep Sea, con un cristal bombé. Omega hizo lo propio mucho antes, con su modelo de buceo Seamaster (007), completando un muy logrado diseño.
    (Qué pena que Rolex no adoptara un cristal similar, de tipo bombé, para su nuevo Submariner cerámico!!)

    Perdón por esta disgresión, y continúo:









    Creo que en conjunto, se trata de un reloj muy logrado estéticamente, con un diseño clásico, atemporal. Muy elegante creo yo.
    Tiene el toque Breguet, en la cuidada terminación, en ese rayado lateral (de moneda, dicen ellos) que rodea la caja, en la elegancia con que pone la marca en blanco sobre el dial negro.



    Decir que estoy muy feliz con mi Breguet, es poco. Me complace poder compartir estas fotos, y este relato, con mis amigos de este Gran Foro.

    Muy afectuosamente, Tonin.
    Última edición por oldchrono; 06-mar-2011 a las 03:44
    “Lo único de lo cual se arrepiente un coleccionista, es de las piezas que no ha adquirido”.

  6. #6
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    Tuve la ocasión de ver detenidamente un Type XXI con Retour ou Vol y tengo que decir que me quedé enamorado de Breguet. Sin duda excepcional y muy poco visto. Enhorabuena por ese XX.

  7. #7
    Avatar de menganito
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    Precioso post oldchrono.

    Memorable.
    Pero ¿realmente el tiempo existe?...
    EINSTEIN: La diferencia entre pasado, presente y futuro es sólo una ilusión persistente.

  8. #8
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    Muchas gracias por compartir tu experiencia parisina con nosotros. Es un relato fantástico.

    Y el reloj, me encanta. Es uno de mis favoritos. Desde que lo viera hace escasos meses en un escaparate en el Paseo de Gracia, se ha convertido por méritos propios en uno de mis favoritos. Y la correa de cocodrilo marrón que has elegido, para mi gusto es la mejor; una simbiosis perfecta con esa caja. Mucho mejor que el armis.

    Que lo disfrutes con salud. Tú, y tu hijo, y tu nieto...


    Ex.II
    +43 Bonus!!!

  9. #9
    Avatar de agusfm
    agusfm está en línea Legión de Honor Forera
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    Esas correas coco de Breguet son de lo mejorcito que he visto nunca, la verdad.

  10. #10
    Avatar de Josemaval
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    Magnífico hilo, por haber vivido allí durante muchos años desde la infancia doy fé de la certeza de lo que cuentas, estes donde estes, Paris siempre estará contigo. Un día volveré, tarde o temprano...

    Y que bonito gran reloj ese Breguet, un complemento perfecto para la ciudad de la luz.

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