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Hilo: Primer concurso de relato corto en RE - Foro General

  1. #1
    Avatar de Goldoff
    Goldoff está en línea Administrador de RE
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    Predeterminado Primer concurso de relato corto en RE

    Hola a todos

    Hace unos días, el compañero Serguei me hizo llegar un privado que empezaba en estos términos:

    Hace unos días que le doy vueltas a la posibilidad de hacer un concursillo de relatos cortos con temática relojera.
    Me pareció que un concurso literario con tema relojero sería cuando menos original, y casi podría asegurar que no se ha hecho antes, la vez que igual saca a la luz ese escritor que algunos llevan dentro. Y si encima hay premios...

    Por lo tanto, y siguiendo con su sugerencia, he aquí unas sencillas bases de participación:

    1.- Podrán participar en el concurso todos los miembros del foro Relojes Especiales presentando uno o dos relatos como máximo que deben ser inéditos y no haber sido publicados en ningún otro medio o publicación.

    2.- Los relatos estarán escritos en lengua castellana o portugués. No se permitirá insertar fotografias. Deberán tener siempre un título y una extensión de entre de 250 y 600 palabras, aproximadamente. Para haceros una idea de longitud me he permitido poner como ejemplo este post de Santi que tiene 349 palabras, o esta historia de cronopios y famas del genial Cortázar. También es posible escribir en formato Word ya que dicho programa tiene una opción para contar palabras en el apartado herramientas y luego pasarlo al foro mediante copiar y pegar.

    3.- La temática de los relatos deberá tener alguna relación con el mundo del reloj y/o el cómputo del tiempo en el sentido más amplio posible y en cualquiera de sus facetas real o ficticia, pero el vínculo será claramente interpretable.

    4.- Los relatos se colgarán directamente de este hilo, y no se admitirán comentarios referidos a los mismos en él. Si quieres comentar los relatos, abre un hilo tú mismo. Los comentarios que se cuelguen aquí serán borrados.

    5.- Los premios de ganador y finalista serán escogidos mediante votación popular por los miembros del foro Relojes Especiales.

    6.- El plazo para colgar los relatos finalizará a las 00 horas del próximo 11 de Diciembre de 2006.
    A partir de esta fecha aparecerá un post encuesta para las votaciones que durará desde el 11 hasta el 15 de Diciembre. El ganador será el concursante que obtenga más votos y el finalista el segundo en número de votos. En caso de empate resultará ganador el concursante con más antigüedad en el foro. Si aún así persiste el empate se decidirá en favor del más paticipativo en número de mensajes (y no vale empezar a postear a lo loco... )




    PREMIOS:

    Ganador:
    Un maletín RE y un polo RE (para el verano próximo...)

    Finalista: Una suscripción por un año a la revista Máquinas del Tiempo

    Premio especial
    Máquinas del Tiempo:
    MdT, bajo su exclusivo criterio, podrá seleccionar un relato (que no tiene necesariamente que coincidir con alguno de los ganadores) para publicarlo en su edición de Febrero 2007. Si esto ocurre, el autor del relato seleccionado recibirá un reloj de la marca Kronos, aportado por la revista. Este premio podría quedar desierto si MdT decide no escoger nigún relato.



    La participación en el concurso implica la aceptación íntegra de estas bases. Cualquier incidencia en el desarrollo del concurso será resuelta por el administrador a su criterio.


    Suerte a todos

  2. #2
    Avatar de Rafael Sevilla
    Rafael Sevilla está desconectado Milpostista
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    Predeterminado El Milagro del Tiempo

    Mi historia comienza en 1950, concretamente en un frío mes de noviembre, ya que fue cuando me vino a tocar eso que se llama nacer.

    El lugar donde vi la luz por vez primera era un pequeño pueblo de los Alpes suizos. No corrían buenos tiempos. Europa aún se desperezaba de un trágico conflicto mundial, y mi país -a pesar de mantenerse neutral-, no dejó de resentir la miseria y la escasez propia de la época, pero volvamos a la historia en sí.

    Al poco de yo de nacer, se presentó en mi casa un señor. Al parecer tenía que tratarse de un buen amigo de mi padre, ya que a pesar de mi todavía corta edad –y según supe con el tiempo-, ambos pactaron mi adopción. Mi padre tenía que terminar de criar a una importante prole de hijos y la dote económica que recibiría, sin duda iba a resolver muchos de sus problemas. Y así, sin ser consciente de lo que estaba pasando, es como me vi camino de una nueva casa, de una nueva familia y de un futuro incierto y desconocido.

    Pedro, que así se llamaba mi padre adoptivo, resultó ser un buen hombre del que siempre guardaré un recuerdo entrañable. No escatimaba en cuidados y atenciones hacia mí y siempre me mostraba pleno de orgullo entre sus familiares y amigos, como si de su verdadero hijo se tratase. Fueron muchas las vivencias junto a él, momentos buenos y otros menos buenos, pero sin duda en mi interior quedó lo mejor de ellos.

    Pedro tenía un pequeño taller de televisores al que iba con él a trabajar todos los días. Yo había cumplido los veinte años cuando una noche volvíamos los dos del trabajo. Ya de camino a casa, algo trágico sucedió, Pedro quedó tendido en el suelo y yo caí junto a él, golpeándome fuertemente y perdiendo el conocimiento. Al poco tiempo una muchedumbre rodeaba el cuerpo de Pedro que yacía frío en el suelo, y como si fuese en un sueño y de forma borrosa, el único recuerdo que de todo esto tengo es, de la presencia de la policía, la gente y la ambulancia en la que fuimos trasladados.

    Sin saber muy bien qué pasó, fui a dar -aún malherido- con mis tripas en un calabozo, en el que sin entender por qué, pasaría los siguientes treinta y seis años de mi vida, sin juicio y sin una justa vista de mi causa.

    Corría el año 2006 cuando una mañana oí un ruido que rompió el escalofriante silencio de la galería donde estaba confinado. La reja de mi calabozo se abrió y por la puerta asomó una cara que haría estremecer mis entrañas: el parecido de este hombre con Pedro era excepcional. Se agachó, me tomó entre sus manos y limpiándome un poco con un pañuelo, salió corriendo lleno de emoción. Al llegar a una estancia colindante, se detuvo delante de una mujer a la que no pude ver bien el rostro porque se encontraba delante de un ventanal, a contraluz, y los rayos del sol que inundaban la estancia me impedían intuir más allá de su silueta, y mi libertador dirigiéndose a ella conmigo entre sus manos exclamó: “abuela, mira el Omega que he encontrado en la caja fuerte del taller”. La señora respondió con una voz que me resultó familiar: “si Pedrito hijo mío, era el reloj preferido de tu abuelo, siempre lo llevaba con él, hasta el día del accidente. Puedes quedártelo, él estaría muy orgulloso de que tu lo llevases, y más si supiera de tu amor a los relojes”. El nieto emocionado y con la voz quebrada respondió: “Gracias abuela, sin duda hoy es uno de los días más felices de mi vida. Mañana mismo lo llevaré a hacerle una revisión”.

    Después de pasar unos días recuperándome en el Servicio Técnico de una relojería, volví a sentirme como nuevo, y son ya varios los meses que llevo paseando de la muñeca de Pedrito, que es como también se llama el nieto del que fuese mi padre adoptivo, y veo como a mi alrededor todo ha cambiado, el mundo se ha transformado, incluso en cuestiones que todavía no alcanzo bien a entender, pero tiempo al tiempo, por que eso es lo que me sobra. Ahora vuelvo a sentir de nuevo lo que es el cariño y calor de un ser humano que se preocupa y cuida de mi, con dedicada entrega, y la gran ilusión que me embarga es verme en el futuro lucir en la muñeca de algunos de estos niños que hoy corretean alrededor de su padre, de Pedrito, mi libertador.

    P.D.: Gracias al forero Jorge, cuya historia real ha inspirado esta humilde y torpe fantasía literaria.
    Última edición por Rafael Sevilla; 14-nov-2006 a las 20:54 Razón: Corrección ortográfica.

  3. #3
    Avatar de Gigio
    Gigio está desconectado Ya lo ha dicho casi todo...
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    Predeterminado Reserva de Marcha

    La niebla empezaba a espesarse, era casi media noche y la luna llena observaba desde lo alto mientras su reflejo pretendía iluminarlo todo. El sonido bronco de un Mustang del 72, al que Alex había dedicado muchas horas para restaurar, era lo único que se escuchaba. El coche se detuvo lentamente, y sus luces, como ojos expectantes, se quedaron apuntando a la puerta del cementerio.

    - ¿Crees que es buena idea...? – Preguntó Mary Anne con voz dubitativa.
    - Ya te lo expliqué, el cementerio cierra sus puertas a las ocho de la tarde y no abren hasta mañana a las diez. No te preocupes, nadie puede entrar ni salir mientras tanto. Nadie salvo...
    Mary Anne continuó la frase con tono algo resignado:
    - ...salvo nosotros, porque Jim te ha prestado la llave, lo sé.
    - ¡Exacto! – Exclamó Alex con una sonrisa.

    Jim se encargaba de las labores de mantenimiento del cementerio, era amigo de Alex desde la infancia y no le resultó difícil convencerle para que le dejara la llave, al contrario, a Jim pareció gustarle sentirse cómplice del plan morboso de Alex con su novia.

    Alex apagó las luces del Mustang y retiró la llave del contacto. Se hizo el silencio. Ambos salieron del coche y, con una extraña sensación de intranquilidad en el caso de Mary y de excitación en el de Alex, se dirigieron a la puerta del cementerio. Aunque la abrieron muy lentamente no pudieron evitar que emitiera un chirrido. Mary estaba empezando a arrepentirse de haber accedido a la propuesta de Alex. Aquel sitio ya no parecía tan excitante y morboso para lo que tenían pensado hacer allí.

    No habían recorrido muchos pasos cuando Alex reclamó la atención de Mary:

    - Mira, allí... – le indicó, señalando con el dedo – Parece una fosa recién cavada. No sería un mal sitio, mejor que encima de una fría lápida ¿no te parece? – preguntó mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro.
    Se acercaron para comprobar su profundidad. Al asomarse, la sonrisa, aún en la cara de Alex, se borró de repente. Mary emitió un grito sordo, mientras sus ojos no acababan de creerse lo que estaban viendo. Había un cuerpo yaciendo en el fondo de la fosa.

    - Vámonos de aquí, tenemos que avisar a la policía. – dijo Mary, con voz extremadamente nerviosa.
    - Espera... No sabemos si está muerto, quizá solo se haya caído y esté inconsciente. Voy a bajar a comprobarlo...
    - ¿¿Qué?? – Preguntó incrédula Mary.
    Pero Alex ya estaba descendiendo. Desde arriba, la poca luz no dejaba ver lo que Alex podía comprobar ahora, un disparo en el pecho de aquel hombre. Le tomó la muñeca izquierda, de todas formas, comprobando el pulso. No había. Alex emitió un suspiro de resignación, se incorporó y salió de la fosa sin perder más tiempo.

    - ¿Qué tienes en la mano? – Preguntó Mary, perpleja - ¿Le has robado el reloj a ese hombre? No puedo creérmelo.
    - Él ya no lo necesita, y mira, es un Lange manual con indicador de reserva de marcha, ¿tú sabes lo que vale ésto?

    En ese momento Alex se percató de un detalle, la reserva de marcha marcaba el tope, casi el máximo. Eso quería decir que aquel hombre había manipulado el reloj hacía muy poco, quizá una hora o dos, y el cementerio llevaba más de cuatro horas cerrado. El asesino seguía dentro del cementerio. Pero, ¿cómo? Nadie más podía entrar o salir de allí desde las ocho de la tarde – pensó Alex -. Miró a Mary con rostro tenso y antes de poder decir nada el sonido metálico de un percutor se escuchó detrás de ellos. Mary sostuvo su mirada en la de Alex, ambos sabían que era el final.

    Dos días después, en ese mismo cementerio, Jim asistía al entierro de su amigo Alex y Mary Anne. Sus ojos se empañaron, pero no pudo evitar esbozar una disimulada sonrisa cuando miró la hora que era en el Lange que apareció bajo del puño de su camisa.

  4. #4
    Avatar de flan
    flan está desconectado Forer@ Senior
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    Predeterminado Esperanza

    ESPERANZA

    Esperanza. Así la bautizaron, en un guiño premonitorio del destino.
    ¡ Con qué fuerza se había aferrado a ella, los primeros años después de la tragedia!
    Y que difícil resultaba ya hacer honor a su nombre.

    Seis años habían transcurrido desde el accidente. Seis años de aquél fatídico domingo en que Juan, su marido, su amante, su cómplice, salía por la puerta y, al cerrarla, cerraba de un golpe su vida para dar inicio a lo que ya no merecía ese apelativo.

    - ¡ No te preocupes, mujer, ya sabes que yo le tengo mucho respeto a la moto y si les da por meter gas pues me paro y ya les cogeré, allá ellos...

    Cuando la llamaron del hospital le costó mucho dar crédito a que las cosas fueran como eran. Juan aparentaba tranquilo en su cama, como en un plácido sueño...Del que hoy, seis años más tarde, aún no había despertado.

    Al recoger sus pertenencias en el hospital, ya había tomado la determinación de deshacerse de todo menos de una cosa: el reloj de pedida de Juan que ella misma había escogido y cuya certera elección tanto había él celebrado. Poco mérito tenía el acertar dado el esfuerzo desplegado por Juan para asegurarse de que recibiría el reloj que, de toda la vida, había sido su objeto de deseo.
    El cariño que tenía Juan por ese reloj, inservible desde el accidente, y el que se hubiera parado justo en la hora en que este había ocurrido, hizo que Esperanza lo conservara como algo que sentía que formaba parte de su marido. Un testigo mudo de la tragedia y testimonio de la hora, el minuto y el segundo en que su vida cambió para siempre.

    Para siempre...

    Arropó a Juan con mimo, le besó en los labios- que pases buena noche, amor mío- y verificó que el interruptor de la lámpara de cabecera estaba al alcance de la mano de su marido. Tras pulsarlo, en la oscuridad, salió sigilosa de la habitación y cerró la puerta tras de ella.

    Pasaba los días junto a la cama de su marido, pendiente de su rostro, del relieve de su cuerpo bajo las sábanas, de cualquier indicio que supusiera un cambio, por mínimo que fuera, en su estado vegetativo. Al principio le consolaba llorar, ahora, ya no tenía lagrimas, y rezaba cada noche para que la cada vez más tenue esperanza no se le secara también. Por eso se aferraba a rutinas que podrían parecer absurdas desde la razón. Como dejarle a Juan la llave de la lámpara al alcance de la mano cuando iba a acostarse, no fuera a despertar de improviso y sintiera miedo y desconcierto.

    Fue entonces, al salir del cuarto de su marido cuando lo vio: la habitación contigua, el cajón abierto y su hijo con el reloj de Juan entre las manos.

    - ¡ No...! – Comenzó a decir Esperanza- Pero ya el pequeño la miraba con una sonrisa que inundaba su cara, el brazo extendido hacia ella y el reloj desbordando su manita.

    ¡ NO ESTA ROTO MAMA, SOLO ESTABA PARADO...!

    El momento que su reloj de pedida había mantenido congelado durante los últimos seis años ya no era tal, el tiempo volvía a transcurrir en la esfera que Esperanza apretaba ahora entre sus manos mientras el medidor del tiempo andaba y andaba y andaba...

    Sintió un escalofrío, los ojos que creía secos se le humedecieron y comenzó a sonreír, todavía de espaldas, instantes antes de alcanzar a ver el rayo de luz eléctrica filtrarse bajo la puerta cerrada del cuarto de su marido.

  5. #5
    Avatar de Paso
    Paso está desconectado Forer@ Senior
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    Predeterminado El Reloj Dorado

    EL RELOJ DORADO


    La niebla, espesa y húmeda, caía sobre los desiguales adoquines en los que, como espejos mojados, se reflejaba la tenue y vaporosa luz de las farolas de gas. Corría el mes de diciembre de mil ochocientos ni me acuerdo y, por una de aquellas callejuelas angostas deambulaba, con mirada atónita y perdida, el viejo caballero con su puño izquierdo bien cerrado, mientras sorteaba los sórdidos carruajes que, prestos, rodaban por la ciudad como en busca de su cobijo nocturno.

    Con la mirada ajena y ausente a la empapada noche, fría y cerrada, el viejo caballero descubrió entre penumbras un cartel que se columpiaba anunciando un hostal a sus pies. Vestido con una capa raída, ropa descuidada y botas con muchas leguas bajo sus suelas, aporreó con su puño la puerta hasta que el joven posadero, importunado y sorprendido por lo avanzado de la hora, la abrió no sin cierto sigilo, descubriendo a sus pies al viejo caballero que, retorcido en su gesto, imploraba habitación y cama donde acabar la noche, mientras extendía su brazo alargando la mano y exhibiendo unas monedas de plata, como credencial de su residual solvencia.

    El joven posadero, deshecho ya de su asombro y sorpresa, se apresuró a coger del brazo al anciano y, recostándolo sobre su hombro, lo subió hasta la habitación donde lo reclinó sobre la cama, mientras el viejo caballero mantenía su puño izquierdo cerrado, cual si custodiara su propia vida entre sus dedos.

    Le ofreció el joven agua y comida mientras el anciano, con la mirada fija en el infinito cielo de la habitación, tras balbucear un –no lo abras jamás- profirió un quejoso suspiro, con el que abandonó su cuerpo y su vida. Su puño cerrado se abrió y, de entre sus dedos, se liberó un hermoso reloj dorado que caía al suelo marcando con sus manecillas las doce de la noche y con sus campanillas de sonido inmenso el paso, desde la media noche hacia un nuevo día.

    El posadero, maravillado con tan hermosa pieza en nada parecida a lo que hasta entonces había visto, la recogió y examinó hasta sentenciar que sería suya. Así, dispuso los funerales del anciano que sufragó con su generosa plata y, tras tan humanitaria acción, justificó de lleno la legitimidad de su nueva posesión.

    No era un reloj cualquiera. De aspecto dorado, pero más puro que el oro, lucía y reflejaba en sus tapas un universo de vida, qué digo, de vidas enteras. Su esfera, blanca, profunda e infinita. Sus manecillas largas y esbeltas, más que marcar las horas, las hacían y, aliadas con los índices, parecían dominar la génesis del propio Tiempo.

    Tanta hermosura, tenía que albergar en su interior la más maravillosa máquina jamás diseñada y construida. El joven posadero no pudo resistirse a averiguarlo, así que abrió su tapa trasera con la esperanza de encontrarse con engranajes de oro, rubíes rojos de vino y sangre, tornillos azules teñidos de mar, campanas catedralicias reveladoras del sonido de sus horas… Pero no había nada de eso. Su interior estaba completa e inquietantemente vacío. Un vacío inmenso y desolador capaz de atraer hacia sí todo el ánimo, toda la voluntad y toda la vida del joven posadero.

    De repente, se sintió atrapado por esa nada que había dentro del reloj. Ya no podría salir jamás de ella. Sus días se iban hacia ese vacío y su juventud se marchitaba, tan aprisa, que en menos de un año, su pelo se tornó escaso y blanco, su piel arrugada, sus huesos dolientes, quebradizos y encogidos, su posada ruina y sus acreedores pléyade.

    Desahuciado ya de su posada, con un puñado de monedas de plata en el bolsillo y vestido con una capa raída, ropa descuidada y unas botas con muchas leguas bajo sus suelas, se echó a la calle…

    La niebla, espesa y húmeda, caía sobre los desiguales adoquines en los que, como espejos mojados, se reflejaba la tenue y vaporosa luz de las farolas de gas. Corría el mes de diciembre de mil ochocientos ni me acuerdo…


    Paso
    Última edición por Paso; 07-dic-2006 a las 02:13
    Tempus fugit: y yo detrás de él...

  6. #6
    Avatar de Julkarn
    Julkarn está desconectado Forer@ Senior
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    Valentia Edetanorum
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    Predeterminado

    Con morosa indiferencia, las agujas del reloj avanzaron otro minuto. El hombre observó atentamente el paso del segundero por la marca de las doce y seguidamente apuró el whisky de su vaso. En la tiniebla de la habitación, el humo de su cigarrillo alzaba formas nebulosas. La noche helada de noviembre llenaba el espacio más allá de la ventana y el hombre, concentrado, fijaba su mirada en la pared frente a él.

    Súbitamente, se levantó y cruzó la habitación con paso firme. Observó por un instante las filas de compactos en la estantería y extrajo uno delicadamente. Momentos después las notas mágicas de una fuga de Bach llenaban la estancia. Suspiró, rellenó el vaso de whisky y volvió a sentarse.

    Afuera, el viento agitaba la noche negra y los pensamientos del hombre.

    Volvió a mirar el reloj. Prestó atención a una vertiginosa e imposible escala de arpegios en el órgano mientras encendía otro cigarrillo y cerraba los ojos. Tras unos instantes, volvió en sí y se levantó de nuevo. Se dirigió al lavabo, se lavó la cara y se peinó. Revisó concienzudamente su aspecto en el espejo y sonrió con aprobación. Miró el reloj de nuevo. Volvió a su posición original en el sofá pero a medio camino se detuvo. Regresó al lavabo, se quitó el reloj y lo dejó sobre una bandeja. Finalmente, se dirigió al sillón y sin sentarse cogió el vaso de whisky y lo acabó de un trago. Apagó el equipo de música y las luces. Dio una última calada al cigarrillo mientras abría la ventana. Entonces supo que ya era la hora. Sonrió y se encaramó a la ventana. El viento invernal le golpeó en el rostro. Y con un breve salto, el hombre cruzó el umbral de la eternidad.
    Omnes vulnerant, ultima necat.

  7. #7
    Avatar de Paso
    Paso está desconectado Forer@ Senior
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    Predeterminado Conversando con mi reloj

    Conversando con mi reloj


    ¡Hola!, soy el muelle real…, ¿que qué pinto aquí?, pues no sé, pero es que acabo de conocer a un trío tan cornudo como singular que me ha parecido, cual tren de engranajes, capaz de gestionar todo el movimiento de mi desperezar contenido y ansioso…

    -Eso está bien, pero vas a necesitar a alguien que controle tu fuerza contenida. ¿Qué te parece si contratamos a espiral y volante? Son muy profesionales, así que seguro que escape está de acuerdo y, además, le va la marcha de estar siempre encima de ellos, como controlando-.

    Sí, sí, pero, pero el producto, tiene que ser estable y con salida, porque ¿para qué quiero darlo todo y quedarme sin recursos si no hay una salida digna? -¡Hombre!, conozco a unas fulanas, “manecillas” las llaman que, por unos pocos rubíes, se lo cuentan todo a los índices, y éstos flipan con cada “entrada-salida” de ellas, no necesitan más-.

    Bueno, no me parece mala idea, pero si quieren una esfera, ponles unas sábanas limpias y blancas. Nada más, que para retozar ya tienen bastante.

    -El caso es que… necesitamos también un local…- ¿Un local?, no había caído en ello, pero vamos, me imagino que cualquier cuchitril puede valer, ¿no?

    -¡Hombre!, tal y como están las recalificaciones y las hipotecas, no creas que va a ser lo de menos, pero si nos quedamos con caja de latón cromado, pienso que para empezar no está nada mal y, si las cosas van bien, con el tiempo nos hacemos con algo de acero, que el oro y otras extravagancias sólo se arriman a los más puestos-.

    ¿Y tú crees que así podríamos marcar ritmo? –Pues yo creo que sí, pues aunque sea a fuerza de rodar coronas y gastar correas, siempre podremos marcar ese “tic-tac”, tan de moda desde siempre y hasta siempre, si el cristal nos deja, y aunque el fondo, en el fondo, no sea más que una simple tapadera…

    Paso
    Última edición por Paso; 07-dic-2006 a las 02:17
    Tempus fugit: y yo detrás de él...

  8. #8
    Avatar de ne-no
    ne-no está desconectado The Rock
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    Predeterminado Carta a mis amigos.

    CARTA A MIS AMIGOS.

    Os escribo estas líneas a vosotros, mis amigos, mis relojes por tantas cosas que os tengo que agradecer.

    La satisfacción cuando os vi por primera vez, os elegí y vinisteis conmigo a casa. No podéis imaginar la alegría de poderos incorporar a mi pequeña familia.

    Siempre estáis conmigo, sois vosotros los que me señaláis los momentos importantes.

    En la infancia, como olvidar el primer reloj que tuve, que mayor me sentía cada vez que miraba la hora, y al ir creciendo, llega la primera cita y ahí también estabais, avisándome para que no llegara tarde, la de veces que os miraba ansiosa.

    Y el nacimiento de un niño, una nueva vida, lo mas maravilloso que puede existir, ahí también estáis, y no solo eso, sino que tenéis la primicia de decir la hora exacta de ese momento tan grande.

    También estáis en lo momentos duros, cuando son los últimos minutos de vida de alguien querido, ahí estáis vosotros para comunicarnos la hora exacta de la gran tristeza.

    Son tantas y tantas cosas que podría decir, tantos los momentos, tantas las circunstancias que no tendría papel suficiente para escribirlo todo.

    No puedo dejar de pensar que vosotros sois los que marcáis el tiempo, nada mas importante para todos. El tiempo para querer, el tiempo para sufrir y el tiempo para vivir.

    Por eso os escribo esta carta porque para mi no sois una simple maquina, sino el amigo que nunca me falla, el amigo que comparte conmigo todo, el amigo que siempre esta ahí en todos momentos.

    Gracias por señalarme todos los momentos importantes de mi vida.

    Ne-no
    Última edición por ne-no; 13-nov-2006 a las 23:36
    Cuando soy buena, soy buena. Cuando soy mala, soy mejor.

  9. #9
    Avatar de Serguei
    Serguei está desconectado Milpostista
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    Predeterminado Tempus Fugit

    El letrero encima de la puerta de la calle no decía nada más: Tempus Fugit. Qué raro le resultaba aquel lugar. La vieja que le había abierto había desaparecido en la oscuridad del húmedo pasillo. Sólo había una silla destartalada en un extremo de la habitación y al momento descartó la idea de sentarse en ella. Parecía que iba a desmontarse con solo mirarla.

    Tendría que esperar. Este hecho no le importaba, estaba acostumbrado. Siempre que su patrón lo mandaba a algún encargo debía esperar. Esperar. Algo que sabía hacer muy bien. Tenía experiencia. Adoptó su típica postura de esperar, de pasar el tiempo.

    A los diez minutos empezó a mirarse la silla con otros ojos. Ya no parecía tan endeble. Tal vez soportaría su peso. Decidió arriesgarse. La silla crujió y se tambaleó un poco pero aguantó estoicamente su peso. Bien, eso estaba mejor.

    Esperar. ¿Durante cuánto tiempo? Estaba acostumbrado, sí, pero tampoco quería perder toda la tarde esperando respuesta a la carta que había entregado a la vieja. Nadie parecía acordarse ya de él y la penumbra de la calle se iba adueñando de la habitación.

    El tiempo fue escurriéndose por entre los índices de su reloj de bolsillo. Chorreaba sobre su mano cada vez que abría la tapa para mirar la hora. Aquello era demasiado. Llevaba allí casi media hora y nadie le había traído respuesta alguna. Estaba cansado de dar vueltas al ala de su sombrero.

    Se levantó decidido y se dirigió hacia el pasillo por el que se había esfumado la vieja.

    - Señora… ¿falta mucho? Es que tengo un poco de prisa ¿sabe?

    Silencio por respuesta. Aguzando el oído pudo oír una especie de murmullo mecánico que parecía venir del fondo del pasillo. Dio unos dubitativos pasos en la penumbra temiendo tropezar con algún mueble.

    - ¿Señora?

    Unos pasos más y ya estaba prácticamente en total oscuridad. Parecía que la salita donde había estado esperando formara parte de otro universo. El murmullo se había convertido en un acompasado ruido de engranajes. Al fondo del pasillo se percibía un sórdido resplandor. El ruido cada vez era más intenso.

    Decidió llegar al final del pasillo. Dio los últimos pasos y entró en lo que parecía una gran sala de máquinas. La habitación estaba llena de engranajes que giraban. Algunos muy deprisa, otros muy lentamente.

    Fue entonces cuando la vio.

    Un segundo. Le pareció una eternidad. Entre ruedas dentadas, su mirada se encontró con las cuencas vacías de la extraña figura encapuchada que manipulaba los mecanismos. Un segundo. Ese tiempo le bastó para comprender quién era ella. Un frío intenso. Allí estaba. Controlando la maquinaria del tiempo de los mortales.

    Intentó darse la vuelta y huir pero sus piernas no respondieron. La dama negra lo envolvió con su capa y sólo vio oscuridad. Había llegado su hora con treinta minutos de retraso.

  10. #10
    Avatar de Humphrey
    Humphrey está en línea Ya lo ha dicho casi todo...
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    Predeterminado

    TIEMPO DE OTOÑO


    Era un mes de Noviembre, como muchos otros años y aprovechando el puente de todos los santos, decidí hacer una escapada, el lugar elegido Castilla, unos días de asueto y libertad, alejado de la vorágine ciudadana y el ruido infernal.
    Ya de vuelta… una visita al abuelo, la abuela había muerto hacia unos años y desde entonces la tristeza se había apoderado de él. Estaba allí sentado en el poyete de la puerta recibiendo los últimos y tenues rayos de sol del día, con su boina y su chaqueta de pana, el bastón apoyado a su lado y en sus manos… su reloj de bolsillo, el mismo que le había acompañado los últimos 50 años y que se había traído de sus años de emigración en Suiza.
    Siempre me había gustado ese reloj, con su esfera esmaltada, sus números romanos, y sus agujas tipo Breguet, pero lo que mas me fascinaba era esa tapa trasera que se abría y dejaba ver el movimiento algo que en aquellos años niños era para mí algo sublime, ahora estaba en sus manos, acariciándolo, como si en cada caricia reviviese un momento bonito de su vida y los fuera repasando uno a uno.
    Nos miramos sin decirnos nada, yo sabía perfectamente lo que rondaba su cabeza, él a su vez parece que leyese mi pensamiento…cuantos veranos a su lado, lo recuerdo en el campo, con un sol de justicia cayendo sobre su altiva figura, ahora en cambio el sol solo lo acompañaba con unos rayos tenues, como si no lo quisiera molestar. Le di un abrazo y un beso, casi de culpabilidad, pues las visitas de los últimos años eran siempre así, cortas y casi de compromiso… a él que tanto me había dado, sin embargo , como si quisiera disculparme, siempre decía saber lo ajetreada que era nuestra vida.
    Ya casi era la hora de irse, me abracé a él con fuerza y durante un largo rato, me miró a los ojos fijamente y me dijo… se que siempre te ha gustado, quiero que sea para ti, y con una leve sonrisa puso el reloj en mis manos, como si fuese una despedida que él presentía, fue la última vez que le vi .
    Ahora de vez en cuando, yo también cojo el reloj entre mis manos, y lo acaricio…, y revivo momentos de mi vida, mientras va marcando las horas, el tiempo corre inexorable, y llega de nuevo el otoño, mi otoño….


    Victor.M
    Soy responsable de lo que digo, no de lo que tú entiendes.

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