Qué es y para qué sirve un tourbillon

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El término francés “tourbillon” (torbellino en español) era utilizado en astronomía por los eruditos del siglo XVII como sinónimo de sistema planetario. Es de suponer que el maestro relojero Louis Abraham Breguet lo eligió por su semejanza al mecanismo inventado por él en 1795 en el que varios elementos giran en torno a un eje central. Pero ¿qué es y para qué sirve un tourbillon?

Para entenderlo correctamente necesitamos remontarnos a un siglo antes, cuando el físico y astrónomo holandés Christiaan Huygens (considerado por muchos el padre de la relojería moderna) descubre y aplica el fenómeno del isocronismo inventando el volante con regulación por muelle espiral, que corrige la desviación media de los relojes de su tiempo desde 40 minutos por día hasta sólo tres. El nuevo sistema dio lugar a muchas invenciones de escapes para la regulación de la marcha. El conjunto espiral-volante-escape es llamado comúnmente y por razones obvias “órgano regulador”.

Volant-Breguet

Con este invento, y ya en la época de Breguet, la técnica relojera había conseguido solucionar la mayoría de problemas de exactitud y fiabilidad pero, como sistema mecánico que es, el órgano regulador seguía sometido a la influencia de factores externos tales como la temperatura, las vibraciones y la gravedad.

Y es esta última la que Breguet se propuso si no anular sí compensar. En la época (siglo XVIII) todos los relojes portátiles eran de bolsillo (la normalización del reloj pulsera no llegaría hasta bien entrado el siglo XX), y estos relojes se pasaban la mayor parte del tiempo metidos en los bolsillos de los chalecos de sus portadores, lo que comportaba estar siempre en la misma posición –vertical- excepto cuando eran extraídos de allí para consultar la hora. Exactamente la contraria a la ideal (posición horizontal).

Breguet se dio cuenta de que la frecuencia de oscilación del volante variaba en función de su posición, lo que influía directamente en su precisión. La solución –infinitamente más fácil de describir que de ejecutar- era colocar todo el órgano regulador en una jaula de acero que fijada sobre la rueda de segundos giraría sobre su propio eje una vez por minuto, compensando así las desviaciones de la primera mitad de vuelta con las de la segunda. Tan compleja –y cara- era su construcción, que el propio Breguet sólo construyó 35 relojes con tourbillon en los 18 años que transcurrieron desde la invención hasta la muerte del relojero, y casi siempre para clientes adinerados entre los que se cuentan las familias Borbon y Hannover.

Tal vez por este motivo (y porque Breguet era ya una empresa relojera importante que debía ser rentable) después de la muerte de Louis-Abraham el tourbillon cayó en desuso a favor de otras mejoras también descubiertas por él, como fuera la curva que lleva su nombre aplicada al muelle espiral o el áncora aplicada al escape, y no fue hasta 1980 (180 años después de su patente) que se montó el primer tourbillon en un reloj de pulsera. Y es en este tipo de relojes –los de pulsera- donde el tourbillon deja de ser una “complicación útil” para pasar a ser una demostración de virtuosismo de quien la elabora ya que, a pesar de las nuevas tecnologías disponibles, construirlo sigue siendo una tarea al alcance de muy pocos.

Después de unos “años oscuros” a causa de la crisis del cuarzo (años 1970), Breguet resurgió de sus cenizas gracias al Swatch Group y hoy día produce algunos de los tourbillones más hermosos que se pueden admirar en la relojería actual.

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