Historia de NOMOS Glashütte, pura manufactura

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¿Conoces la historia de NOMOS Glashütte? Para conocer los orígenes de la que se ha convertido en una de las principales manufacturas relojeras alemanas debemos remontarnos a finales del pasado siglo. Fue en 1991, poco después de la caída del Muro de Berlín, cuando el nombre de Glashütte empezó a sonar entre los aficionados. Cuna de la relojería germana, la primera marca en recuperar sus instalaciones fue la que lleva el nombre del iniciador de la tradición en el Valle de los Montes Metalíferos, Walter Adolph Lange. Un año antes, en 1990, un entonces desconocido Roland Schwertner proveniente de Düsseldorf fundaba –en un piso, con sólo tres relojeros- lo que acabaría siendo NOMOS Glashütte a partir de unos criterios que, si bien tenían poco de románticos, estaban perfectamente planificados.

Según la Nomos Encyclopaedia (publicada en 2006, con interesantísimas historias), Herr Schwertner no tenía relación previa con la relojería. Había hecho de expedidor de carga, de fotógrafo de moda, experto en informática… y tenía un MBA (máster en administración empresarial). Debió ser por esto que inició la casa por los cimientos, seleccionando una serie de nombres para su futura empresa. Estos nombres eran de marcas que en su momento habían sido famosas por su calidad pero que ya no existían. Se decidió por NOMOS (ley, norma, en griego), y empezó comprando componentes en Suiza ayudado por su amigo Günter Blümlein, que mientras tanto estaba terminando de dar forma a lo que acabó siendo parte del grupo Richemont. Pero esa es otra historia.

Günter Blümlein

La parte de la historia de la relojería alemana que ahora nos ocupa tiene que ver con la competencia de las otras marcas establecidas en la población de Glashütte, que con más recursos técnicos y económicos eran capaces de producir la mayoría de sus componentes “in-house”. Celosas de su tradición, impulsaron normas de porcentajes al estilo suizo que  evitara que cualquiera (y especialmente el recién llegado) pudiera ostentar el nombre de Glashütte en su esfera si al menos el 50% de su reloj no estaba hecho allí. Valga decir que actualmente Nomos ya produce el 95% de los componentes de sus relojes.

NOMOS Glashütte

Hago aquí una pequeña digresión y recuerdo a otro pionero alemán con ninguna tradición relojera en su propia familia: Helmut Sinn –recientemente fallecido a los 102 años- tenía un lema: “tan bueno como sea posible, sólo tan caro como sea imprescindible”. En NOMOS Glashütte lo formulan como “Precio es igual a material más trabajo y –casi- nada más”. En ambos casos se traduce en una práctica inexistencia de marketing… perdón, en la inexistencia de grandes y costosas campañas de publicidad, porque es precisamente en el marketing donde NOMOS ha funcionado a contra corriente: no sólo dispone de su propio departamento de diseño y relaciones públicas (la gran mayoría externaliza esos servicios) sino que es capaz de poner las novedades en el mercado a una velocidad inaudita.

NOMOS Glashütte

Inaudita para lo que es la industria relojera, en tanto que para sacar un calibre nuevo (NOMOS tiene diez, todos propios) muchas marcas tardan una media de cinco años entre concepción, desarrollo, pruebas y lanzamiento. En NOMOS Gashütte, y gracias a su forma de hacer y ver las cosas,  pueden reducir ese tiempo a dos años. No es ajeno a ello el genio de Mirko Heyne, el relojero que dejó su propia marca recién fundada (Lange&Heyne, Dresde) para unirse a finales de 2002 al proyecto de Schwertner  y que tuvo a punto el Epsilon en tan solo un año (2005). Y de propina el Zeta, el Epsilon con calendario. Con ellos, NOMOS empieza a incorporar la palabra Glashütte a sus esferas con todo el derecho, ya que entre el 70 y el 85% del reloj se producía ya en sus instalaciones.

NOMOS Glashütte

NOMOS Glashütte

Volviendo al tema del diseño, Berliner Blau, el estudio de Berlín donde trabajan casi 40 personas, es una filial al 100% de NOMOS Glashütte , y es el “think-tank” donde se decide tanto el aspecto de los relojes como la manera de explicarlos al mundo, ya que se ocupan también de la comunicación, catálogos, etc. Se ha dicho muchas veces que los relojes de NOMOS recuerdan a la Bauhaus. En realidad su diseño se basa en la Deutscher Werkbund, de donde –ahora sí- saldría más tarde la Bauhaus de Walter Gropius. Igualmente basado en el diseño útil y sin sobrecostes, huye de lo superfluo y busca la durabilidad en el tiempo. Una vez más, la historia de NOMOS Glashütte se aleja de una mayoría de fabricantes establecidos, que intentan seguir o prever modas para contentar a un supuesto público caprichoso (no cuenta la reciente vuelta a lo vintage o repasar catálogos antiguos para reeditar viejas glorias).

NOMOS Glashütte

NOMOS GlashütteNOMOS Glashütte

Diseños intemporales para calibres que aspiran a ser perfectos y por ello ¿eternos? En NOMOS ponen todo su empeño para que así sea. En 2006 la marca empleaba a 56 personas, la mayoría relojeros. Hoy, en 2018, no menos de 260 personas trabajan en Glashütte para producir la mayor cantidad de relojes de Alemania o, dicho de otro modo: ningún fabricante alemán supera a NOMOS Glashütte en cantidad de relojes producidos. Como siempre, esa cantidad hay que deducirla de distintas fuentes porque en esto NOMOS Glashütte sí es igual que los otros y no comunica sus cifras de producción, pero cuando se le habla de un entorno de 25.000 unidades no dice que no. Lo daremos por bueno. Volviendo al diseño, quien diga que todos los Nomos son iguales tiene un problema de observación: no hay dos cajas iguales, sólo hay que fijarse en las asas, por no hablar de los índices en las esferas.

NOMOS Glashütte

Aprendí todo esto y bastante más en la visita que realicé precisamente a NOMOS en Glashütte y Berlín a mediados de 2018, fruto de una conversación telefónica justo antes de Baselworld: “buenos días, soy Florian, de Nomos ¿vas a venir a la fiesta que organizamos para la feria?” “Esto, sí, claro, me encantaría…”

NOMOS GlashütteNOMOS Glashütte

Hay que decir que esa fiesta, que se celebra precisamente en la antigua estación de tren de Basilea, se ha convertido ya en un clásico de Baselworld, y estar en la lista de invitados es una especie de honor para los que nos dedicamos a contar lo que ocurre allí. Después de la fiesta vino la visita a su stand, la presentación de las novedades… y una invitación formal para que viera que todo lo que se dice de ellos es verdad.

NOMOS Glashütte

Aterricé en Berlín un domingo por la tarde, y me alojé en un hotel cuyos interiores fueron creados por el diseñador responsable del Autobahn, la por ahora última (y algo polémica) pieza de NOMOS: Werner Aisslinger es un artista multidisciplinar cuyos diseños pueden encontrarse tanto en el MoMA como en el Victoria & Albert Museum, y que colabora regularmente con NOMOS. El hotel en cuestión es el Michael Berger, y desde luego es diferente a todo lo que he visto en materia hotelera. Además, está situado muy cerca del antiguo muro que no hace tanto separaba dos mundos, lo que hace la visita más interesante si cabe.

Volviendo al Autobahn, es la demostración de que nunca llueve a gusto de todos: muchos critican que NOMOS sólo hace variaciones sobre un mismo concepto, y no sé si serán los mismos, pero con el Autobahn ha surgido una nueva corriente de ortodoxos que acusa a la marca de abandonar su esencia… Una señal de que están en el buen camino, en mi opinión. Ya lo dijo Woody Allen: “no conozco la clave del éxito, pero sé que la clave del fracaso es tratar de complacer  a todo el mundo”.

NOMOS Glashütte

Glashütte se encuentra a dos horas y media en coche al sur de Berlín, justo después de Dresde y muy cerca de la frontera checa. Es un pueblo de menos de 7.000 habitantes… y más de diez manufacturas relojeras. La sede central de NOMOS, donde ahora están las oficinas de dirección y expedición de pedidos, se estableció originalmente (cuando Roland Schwertner dejó el piso alquilado) en la antigua estación de tren (de ahí el guiño con la fiesta de Baselworld), aunque desde entonces ha tenido que ampliar sus instalaciones dos veces: La sección de Cronometría, donde se diseñan y montan los calibres, está en una de las colinas que flanquean la población.

NOMOS Glashütte

Vi allí a Theodor Prenzel, el responsable del departamento de I+D, que me explicó cómo habían creado y patentado una serie de mecanismos para hacer la vida del usuario más cómoda. Uno de ellos es un embrague en el fechador que evita estropicios en las llamadas “horas prohibidas”, esas en las que no se debe cambiar la fecha porque podrían (y de hecho lo hacen) estropear los engranajes que se encargan de hacer “saltar” el calendario. Generalmente esas horas se encuadran entre las 10 de la noche y las 2 de la madrugada, aunque en NOMOS han reducido ese margen a sólo dos horas, que es cuando actúa dicho embrague.

NOMOS Glashütte

Esto ocurre en su último calibre automático, el DUW6101, que además del embrague a prueba de torpes tiene el pase rápido de la fecha hacia adelante o hacia atrás indistintamente, mecanismo que la marca ha llamado “Neomatik”. Es el movimiento del que están más orgullosos (por ahora): “dicen que se puede tener un automático plano, preciso o asequible, pero nunca todo al mismo tiempo: en NOMOS lo hemos logrado”. Pero también están orgullosos de sus otros nueve calibres, empezando por el Alfa (derivado en su día del Peseux 7001 que montaban los primeros Tangentes) y terminando –es una forma de hablar- por el DUW1001 o 2002 que montan los lujosos Lambda y Lux respectivamente.

NOMOS Glashütte

Estos dos últimos representan lo que NOMOS entiende por Alta Relojería, y presentan todas las características de la relojería alemana: Platina de tres cuartos decoradas con bandas tipo rayos de sol, puente del volante grabado a mano, cantos biselados y pulidos a mano, regulador de cuello de cisne, tornillos azulados al fuego… por cierto, DUW significa Deutsche UhrenWerke, y excepto el Alpha, todos sus calibres ostentan ese anagrama. Y todos sin excepción están ajustados en seis posiciones. No es en vano que el edificio se llama “Chronometrie”.

NOMOS Glashütte

 

Y fue aquí, en el departamento de Cronometría, donde vi algo que no he visto en ninguna otra parte: relojeros colocando las paletas de rubí en sus respectivas áncoras ¡a mano! El áncora es el elemento que dosifica la fuerza que transmite el muelle real desde dentro del barrilete y es también responsable del tic-tac que emite un reloj mecánico. Este característico ruido se produce al impactar sus paletas en la rueda de escape, paletas sometidas a un altísimo desgaste por la fricción, que se reduce casi a cero haciéndolas de  rubí sintético. Por el contrario, el resto de rubíes de la pletina son colocados y aceitados por medios automatizados. La explicación que me dieron es que es imposible mejorar a una máquina a la hora de poner microgotas de aceite en la cantidad exacta de una forma constante.

NOMOS GlashütteNOMOS GlashütteNOMOS Glashütte

También vi una zona dedicada a exhibir los trofeos ganados por NOMOS en su ya no tan corta historia –casi treinta años-: algunos los ha ganado tantas veces que los cuenta como si fueran los días de un presidiario.

NOMOS Glashütte

NOMOS es uno de los pocos relojeros que disponen de su propio órgano regulador (el conjunto volante-áncora-rueda de escape) al que llama Swing System y que ha sido desarrollado en cooperación con la universidad de Turingia-Dresde, con un coste de alrededor de 11 millones de euros y varios años de investigación. El órgano regulador es literalmente el corazón del reloj: no sólo marca el ritmo de los latidos sino que de la perfecta cadencia de esos latidos depende la precisión y por tanto calidad percibida de todo el calibre o movimiento. Muy pocos fabricantes de relojería en todo el mundo pueden decir que tienen su propio órgano regulador, lo que pone a NOMOS –una vez más- en un grupo privilegiado.

NOMOS Glashütte

Todas las partes –excepto el muelle espiral- de este importante componente están fabricadas en el tercer edificio que NOMOS tiene en Glashütte, esta vez en las afueras. Ahí vi –una vez más, por primera vez- una máquina expulsando pequeños volantes que después serían afinados uno a uno en el edificio de Cronometría. Y engranajes, y piñones, y puentes. Y por supuesto pletinas, completas y de tres cuartos (la pletina de tres cuartos es la seña de identidad de la relojería sajona: otorga más estabilidad al conjunto). Muchos de estos componentes serán más tarde terminados (achaflanados, decorados) a mano.

NOMOS Glashütte

¿Y cómo consigue NOMOS todo esto con precios entre 1.200 y 4.500 € (excepto Lux y Lambda, alrededor de 14.000 €)? En palabras de Uwe Ahrendt, su gerente, hay varias razones: los salarios son más bajos aquí que en Suiza, sus márgenes son más estrechos porque no necesitan alimentar una enorme máquina de marketing (Berliner Blau es una filial) y además NOMOS tiene como socio al Estado Libre de Sajonia, que ayuda a las empresas locales. No se sabe en qué proporción, pero está claro que esto le da acceso a unos recursos de I+D a los que de otro modo no podría acceder, al menos a esos precios finales de producto. Ya dije más arriba que NOMOS se construyó desde los cimientos como la empresa moderna que es.

NOMOS Glashütte

También dije que el 95% del reloj se produce en Glashütte (esto incluye el montaje propiamente dicho), de manera que queda un 5% externo. Las cajas, esferas y cristales se producen en Suiza (y no en China, como algún indocumentado publicó una vez). En cuanto a las correas, ha dos fuentes: las de tela que equipan a los Ahoi se producen en Francia, mientras que las características Cordovan de cuero de caballo se las suministra la afamada marca Horween desde los Estados Unidos. Tal vez parezca aventurado, pero esta relojería alemana me parece mucho más seria que la pantomima suiza del 60% incluyendo producción asiática. NOMOS Glashütte es pura manufactura.

Un resumen en cifras:

Antigüedad en años: 28

Empleados: 260 (300 contando a los de Berliner Blau)

Producción anual (estimada): 23.000

Gama de modelos: 13

Versiones: 100

Calibres propios: 10

Tiempo de producción de un solo reloj en meses: 3

Grosor en mm de su calibre automático DUW 6101: 3,6

Puntos de venta en todo el mundo: 500

Precio de entrada en euros: 1.100

 

Más información en nomos-glashuette.com

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About Author

Anton Vallverdú

Fundador, administrador y editor de Relojes Especiales. Le encanta lo que hace y se plantea como objetivo la difusión de la relojería mecánica.

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