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Hilo: Segundo concurso de relato corto de Relojes Especiales - Foro General

  1. #41
    Avatar de tahisa21
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    Predeterminado “Volveré a buscarte con la nieve”

    La voz era casi un susurro…Se despertó sobresaltado en la oscuridad de la habitación, empapado en sudor y el pecho agitándose violentamente al ritmo de su respiración. Incorporándose lentamente en la cama, hasta quedar sentado, extendió su mano derecha para tomar en ella el reloj de bolsillo que descansaba perezosamente en la mesilla, como si en su costumbre de marcar las horas, supiera que aquélla era una para estar dormido y abandonado a los sueños… <?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /><o:p></o:p>
    Ni siquiera lo miró, pues aún tenía los ojos cerrados, pero apretándolo entre ambas manos lo acercó a su corazón, intentando tranquilizarlo acompasándolo al suave latido de la maquinaria, y lo mantuvo allí hasta que su piel contagió de su cálida temperatura al frío metal. Luego lo abrió, las agujas marcaban las cinco y veintisiete de la mañana. <o:p></o:p>
    <o:p></o:p>
    - “Demasiado temprano” – Pensó – “Aún tengo tiempo para dormir un poco más”. Así, acurrucándose en la cama, y con el reloj de bolsillo aún en su mano se durmió mecido al compás del ritmo de su reloj….Tic tic tac, tic tic tac, tic tic…..<o:p></o:p>
    <o:p></o:p>
    Por la mañana le despertó el zumbido de la radio, hora de levantarse y continuar con la espiral de la rutina diaria. Casi había olvidado el episodio de la noche pasada, de no ser porque encontró el reloj de bolsillo reposando en la almohada vacía que había a su lado. Lo cogió y abriéndolo con mimo comprobó que marcaba la hora correcta y procedió a darle cuerda. Todo un ritual cada mañana. Acto seguido se aseó, tomó un desayuno ligero mientras leía los titulares de la prensa del día y se fue a trabajar. <o:p></o:p>
    <o:p></o:p>
    En el trabajo no le consideraban un tipo muy hablador, hacía su trabajo, de hecho lo hacía muy bien y era cordial y amable con sus compañeros, eso sí, siempre que ellos entablaban conversaciones con él, ya que era un tipo callado en introvertido.<o:p></o:p>
    <o:p></o:p>
    - “¿Qué tal todo? – Le preguntó un compañero mientras tomaban el café a la hora del descanso.<o:p></o:p>
    - Bien, esperando que llegue el frío, que parece que este año se resiste a venir.<o:p></o:p>
    <o:p></o:p>
    En efecto, así era, una oleada de calor procedente de África había invadido el país pareciendo no querer marcharse nunca, y así transcurrieron los días, el otoño dio paso a un caluroso invierno y éste se prolongó en una agradable primavera. Por fin llegó el verano, su cumpleaños estaba cerca y sabía que sus familiares vendrían a visitarle, como en años anteriores, para animarle en unos días que a él le traían tristes recuerdos…<o:p></o:p>
    <o:p></o:p>
    Aquel día, sorprendentemente, la ciudad amaneció nevada, y a él lo encontraron en casa sentado en su cama con una sonrisa infinita y su reloj abierto en sus manos, las manecillas se habían parado y marcaban las cinco y veintisiete exactamente, y en la contratapa…la foto de ella.<o:p></o:p>
    Última edición por tahisa21; 01-dic-2007 a las 23:04 Razón: ortografía
    Reloj no marques las horas, porque mi vida se apaga...

  2. #42
    Avatar de Serguei
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    Predeterminado Lift

    "LIFT"

    El sol bajo de tarde de otoño le deslumbraba. Ruidos y chillidos de niños al salir de colegio. Ya eran más de las cinco. Se había entretenido un poco pero había valido la pena. Era hora de irse a casa.

    Cogió el ascensor y pulso cero en la botonera. Con una ligera sacudida el aparato empezó su lento descenso por las entrañas del edificio.

    Un ruido metálico de algo que se rompe le sobresaltó. Un breve descenso rápido y luego una parada brusca. Luego la oscuridad más absoluta.

    Su primera reacción fue de pánico. La oscuridad y los sitios cerrados no eran precisamente de su agrado. Se tranquilizó un poco y buscó a tientas los botones del ascensor. Veinte años subiendo aquellos seis pisos en el mismo ascensor y ahora era incapaz de saber cuál era el botón de alarma.

    Lo encontró. Lo pulsó. No pasó nada. Mecánicamente miró la hora en su reloj. Aquellos índices y agujas luminiscentes le dieron cierta tranquilidad en la oscuridad que lo rodeaba. Íntimamente se regodeo en su visión. Eso le encantaba.

    Finalmente la hora de su reloj quedó impresa en su cerebro. ¡Las cinco y cuarto! Se había hecho muy tarde. Anselmo, el portero, ya debía haber cerrado las puertas de la calle y estaría haciendo su ronda para asegurarse de que no quedaba nadie en el edificio. Con el corazón desbocado recordó que Anselmo hacía su ronda a pie, sin usar nunca el ascensor. ¡Maldita sea! Si no se daba cuenta de su presencia podría pasarse allí toda la noche.

    Empezó a gritar y a dar golpes contra la puerta. El ruido le parecía atronador y retumbaba en el pequeño habitáculo devolviéndole el eco amplificado de su propio pánico.

    Un ruido en el exterior le devolvió la serenidad. Alguien lo había oído. La puerta del ascensor se abrió y la luz penetró en él como un bálsamo. De hecho estaba entre dos plantas y sólo veía unos zapatos a la altura de su cabeza.

    - ¡Menos mal Anselmo! Ya creía que iba a pasarme toda la noche aquí.

    Por toda respuesta unas manos se introdujeron dentro de la cabina ofreciendo ser cogidas para salir de allí. Sin dudarlo y no sin cierto esfuerzo, ya iba a cumplir 63, se agarró a ellas y éstas lo auparon al exterior.

    - Pero… tú no eres Anselmo.
    - No, no soy Anselmo.
    - Bueno, tanto da. Muchas gracias. Empezaba a pasarlo mal ahí dentro.
    - No te preocupes, todo está arreglado ya. Nos esperan.
    - ¿Qué está arreglado? Si el ascensor sigue ahí, estropeado. Habrá que avisar a los de mantenimiento y ¿quién nos espera?
    - No te inquietes y ven conmigo. Ya te he dicho que todo está en orden ahora. Anda ven.
    No entendía nada. ¿Sería una broma de los de contabilidad? Eran muy bromistas y capaces de esto y mucho más. Miró nuevamente su reloj. ¡Vaya! Se había parado a las cinco y cuarto. Empezó a darle cuerda maquinalmente. Debía ser tarde. Había oscurecido.



    - ¿Sabes quién te quiero decir? Sí hombre, don Lorenzo, el de la sexta planta.
    - No me digas. Pobre hombre.
    - Sí. Tuvieron que venir los bomberos a sacar su cuerpo de entre el amasijo de hierros del ascensor. Cayó a plomo las seis plantas. Me di un susto tremendo, acababa de cerrar las puertas. Dicen que no sufrió, que fue una muerte instantánea. Cuando consiguieron sacarlo, eché un vistazo a lo que quedaba del ascensor y vi su reloj tirado entre los hierros. Míralo.
    - Todavía funciona.
    - Sí. ¿Es bonito verdad?
    Existe otra vida, pero es carísima

  3. #43
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    Predeterminado Seudónimo: "Jiménez"

    Tempus fugit

    Cinco minutos, trescientos segundos, ¿es poco tiempo?...depende, espero que si. Pulso a la vez el crono en mi muñeca y en el panel al llegar al punto inicial, ¡tiempo!..Las agujas inician su marcha. Miro al horizonte. Nubes bajas y una lluvia que no cesa. A través del visor bailan las cifras y los símbolos. En el panel las agujas se mueven al compás de mis manos. Velocidad: 540 nudos, altitud: 200 pies sobre el suelo, estoy llegando…inclino izquierda fuerte, las gotas de agua huyen hacia ambos lados de la cúpula. Cuatro minutos veintitrés segundos, a nueve millas por minuto el angosto valle se acaba rápido, ahora empieza el baile. De reojo miro el reloj sobre el guante en mi mano derecha. Estoy en tiempo. Marina viene a mi mente, ella me conoce. Fue ella quién con certera elección lo puso en esa muñeca hace ya un año saciando mis ganas de una buena máquina. Viro sobre el puente, lo sobrevuelo, un rebaño de ovejas inicia la huida. En estos aciagos días todos huimos, tres minutos dieciocho segundos. Sólo dos segundos fuera, sin pensarlo mi mano izquierda impulsa los gases y me pego al asiento. Bien, “mantén la concentración, esa es la clave”, eso decía mi instructor, ¿qué habrá pasado con el viejo?, el tiempo, nuestro tiempo, se va para no volver. El alertador me saca de mis pensamientos, mi pulso se acelera aún más, me están iluminando, ya queda poco…dos minutos cinco segundos, cruce de carretera, de nuevo estoy en tiempo. El alertador no deja de sonar, ¡cállate ya!. Empujo la palanca imperceptiblemente, desciendo acercándome algo más al suelo, buceando en la lluvia que ahora arrecia. Cien pies de radio-altímetro, compruebo instrumentos, gases a fondo, 600 nudos. Llego al lugar elegido en el segundo debido, tiro de la palanca y meto post quemador, el visor indica 5 g´s, trepando casi instantáneamente a 600 pies. En la maniobra la alta humedad reinante delata mi posición, apareciendo indiscretas estelas de condensación en las puntas de mis planos que se curvan por el esfuerzo exigido. Nivelo, preparo las cámaras, espero que esto sirva para algo. Cinco segundos, las fotos del despliegue enemigo se almacenan bajo el morro de mi avión, ¡larguémonos!. Un minuto treinta segundos para que se cierre mi ventana. Por el rabillo del ojo veo un fogonazo. Pico mientras inicio un viraje izquierda, me toca huir. La estela que deja el misil va ganando terreno por dentro de mi viraje y la veo acercarse. Aguanto. Cero cero uno, cero cero dos, cero cero tres, ahí está. Cambio el viraje bruscamente y ciño, ocho g’s. Mi respiración y mi corazón vuelan más rápido que yo. Suelto bengalas entonando una letanía, buscando la visual con el misil, me retuerzo entre los atalajes que me encadenan al asiento, ¡vamos, vamos! El misil explota cegado por una de las bengalas. Alivio presión en la palanca, abriendo el viraje y acelerando. 1.08 de Mach, la barrera del sonido para mi es tan sólo una indicación en el anemómetro pero abajo tronará. Cuarenta y ocho segundos. Mantengo rumbo 340. Soy yo el que huye, compruebo relojes. En la marca…ahora. Corto gases, respiro hondo, el sudor empapa el mono de vuelo, vuelvo a casa. He envejecido una eternidad, es la maldita guerra. Menos mal que el tiempo vuela.<!-- / message --><!-- controls -->

  4. #44
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    Predeterminado Seudónimo: "Seldon"

    SINCRONÍA


    La habitación a la que me condujeron era obscura y con una única salida, la misma puerta por la que había entrado. Allí ya se encontraba uno de los interrogadores, mi brillante perspicacia noto cierta actitud inconfundiblemente hostil.

    La primera mirada fue a su muñeca llevaba como esperaba un reloj de cuarzo radio-controlado, eso era obligación según el articulo 33 de la ley del ultimo gran emperador Em Budo. Seguí por escrutar su rostro, él por su parte estaba haciendo lo mismo, me sonrió de una forma fría y vagamente amenazadora. Su primera pregunta vino inmediatamente:

    -¿Nombre?
    -Eto Demerzel -respondí-.
    -Sr. Demerzel ¿conoce la ley “Em Budo”?
    -Claro todo el mundo la conoce incluso un don nadie como yo –dije-. Dirigiendo mis ojos de nuevo a su reloj-.
    -No se haga el gracioso –replico-. Ha sido acusado de utilizar, coleccionar y traficar con relojes mecánicos y ya sabe lo que eso significa.
    -Me parece que se esta confundiendo -le dije-, yo solo tengo relojes de cuarzo radio-controlados, como este que llevo en la muñeca fue mi contestación.

    En ese momento le mostré mi bonito y frió reloj de cuarzo radio-controlado como era obligado, era uno de los 2 que tenía para engañar a mis vecinos y a las autoridades, Solo algunos de mis amigos y algún coleccionista conocían mi secreto, pero ¿Quién me había denunciado?

    -Tenemos pruebas –dijo-. No lo niegue.
    -Lo dudo -le conteste-. Mostrándole mi cara más convincente.

    Con un movimiento brusco puso encima de la mesa mi reloj más preciado un “Spedy Pro”. Lo hizo sin abrir la boca y sin ningún tipo de miramientos, golpeando sin piedad contra el pie de la lámpara que ocupaba el lado derecho de la mesa, aunque últimamente le tenía un poco abandonado por otras de mis joyas era sin ninguna duda mi favorito. Desde la instauración de la ley “Em Budo” se exigía a todo el mundo llevar un reloj radio-controlado, todo el planeta llevaba la misma hora sin excepción, todos los relojes mecánicos eran confiscados y destruidos y sus poseedores perseguidos sin descanso por asincronismo con el gran reloj que marcaba la vida de cada una de las personas que habitaban la tierra, por lo que ya me podía despedir de manera definitiva de mi querido “Spedy Pro” y posiblemente de mi libertad por una larga temporada.

    -No es mío –respondí-. Mientras observaba las agujas del “Spedy” para comprobar si seguían moviéndose y así era, cuando de repente por la puerta apareció mi mujer con una sonrisa en la boca que acompaño con 3 palabras “Te lo avise”, ahora ya conocía quién me había traicionado.

  5. #45
    ponsferrata está desconectado Novat@
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    Predeterminado

    A contrareloj

    En la habitación metido, al abrigo de la pequeña nevada, y sufro la espera como cualquier día de semana...suena ese viejo despertador de cuerda, sí, el del color azul cielo, el sobrio, el que siempre es tan serio, y frío..
    Atrás quedan los días en que pensaba...¡bahhh, al abuelo este ya no le queda nada!.

    Ya es rutina, y el hielo de la mañana no me asusta. Huele a otoño, y la gracia, la magia de la nieve ya está en las ramas, ramas que aún conservan vestigios de su época añorada.. esas hojas ya retorcidas igual que escarpias y que también esperan la hora en que serán destronadas..

    El día se asoma, y murmura la mañana. Suena la sirena, estridente, con un largo y profundo grito..y La vieja mina nos traga. Se ven los destellos de las lámparas cual luciérnagas, suena el gorgoteo del agua que ríe a sus anchas. El aire ya no es limpio, huele a rancio, a su lado el polvo baila.

    Tiembla la mina, suenan los picos, suenan las palas, suenan los martillos, y suenan las mazas
    Ya se ve el carbón, brilla como plata, es el hijo de la tierra que brama cuando se le arrebata. El comienzo es duro, me arrastran, me menean y el ruído me espanta. El polvo del carbón huele, a la vez me araña. La madre tierra es fiera, me ataca.

    El tiempo se me hace eterno, quiero volver a casa, volver a ver el viejo reloj, el que por las noches me acompaña, el que al principio turbaba mi sueño, hoy mi amigo del alma. Él marca la pauta. Las siete horas no pasan..siento que mis número no se ven, las fuerzas me fallan..Siento que he perdido toda esperanza.

    En memoria de mis muchos relojes Casio ( que no me duran más de 3 meses)

  6. #46
    Avatar de Galy
    Galy está desconectado Forer@ Senior
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    Predeterminado Que hacer cuando no hay nada que hacer

    Se encontraba el viejo reparador una fría mañana de invierno a finales de noviembre en su taller sin tener nada que hacer maullando como un gato en celo (quehago, quehago, quehago), cosa ya habitual en los últimos años y es que cada final de mes la historia se repetía, el trabajo y la economía se resientan en esos días de frió invierno, la horas se le hacían interminables y por mas que consultara su viejo reloj estas no avanzaban mas deprisa, dándole la impresión de que el tiempo en su cansado reloj esos días de fin de mes transcurrían mas lentamente de lo habitual..

    El viejo no tenia nada mas que hacer que esperar su ya próxima jubilación por lo que esos días de final de mes lo dedicaba a ir matando el tiempo, uno de esos días de soledad sin nada que hacer se puso a mirar al techo y vio algo moverse haya arriba, que alegría exclamo algo viene a paliar la soledad de este futuro jubilado, y es que encontró haya arriba una compañera con la que compartir sus largas jornadas de espera.

    A esta compañera o compañero vete a tu saber la llamo Filomena, su aspecto era afable y tranquila/o ligera/o, paciente/a, laboriosa/o, su cuerpo parecía tan frágil tanto que daba la sensación de que fuera a romperse en cualquier momento y es que sus patas eran tan largas y finas que le parecia imposible que pudiera soportara su pequeño tronco, a su nueva compañera la llamo Filomena.

    Filomena era una/o araña/o del polvo de ocho patas y muy asustadiza/o por lo que el viejo reparador la contemplaba a distancia sin perturbar en el quehacer diario aquellos días de soledad que el tiempo tenia tendencia a hacerse pesado como el plomo.

    Y desde aquel día el viejo reparador dejo maullar como un gato en celo (quehago, quehago quehago) ya que encontró que hacer en aquellas horas que no tenia nada que hacer.
    Última edición por Galy; 01-dic-2007 a las 23:28
    .Indalo borracho, Solo a las 6 horas el cuerpo del Indalo se coloca sobre su cabeza. Reloj de un tercio de cuadrante, y una sola aguja. Saludos

  7. #47
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    Predeterminado La habitación del olvido.

    A menudo echo la vista atrás en mis pensamientos intentando comprender cómo he llegado a esta situación, pero se escapa a mi razonamiento, la única explicación plausible que encuentro es que el tiempo, el mismo tiempo que yo intento controlar, oxida los recuerdos al mismo tiempo que desgasta mis engranajes.<?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /><o:p></o:p>
    <o:p></o:p>
    Al principio, en mis primeros días, recuerdo estar expuesto en un gran escaparate, en un lugar privilegiado por encima de todos los demás relojes, donde los focos me mantenían calentito todo el día a la vez que me iluminaban haciéndome brillar y mostrar mi mejor cara a todo el mundo que se paraba a mirarme con admiración. Unos sonreían más que otros, otros me miraban con avaricia, otros con pena…en cualquier caso yo me henchía orgulloso y me esforzaba por mover todas mis agujas al compás. Por la noche una señorita con guantes me retiraba del escaparate, y antes de irme a dormir a mi bolsa de terciopelo me limpiaba cuidadosamente de todas las revoltosas motas de polvo que me hacían cosquillas durante el día.<o:p></o:p>
    <o:p></o:p>
    El día de la compra todos en casa querían tocarme, no se cansaban de mirarme, ya fuera en la caja, en la muñeca izquierda, la derecha… Finalmente me situaron en la derecha, “lugar extraño”, pensé los primero días, pero al cruzarme por la calle con otros relojes que iban todos en la muñeca izquierda, pensé que no era signo sino de que yo era aún más especial que ninguno. Además, todo el mundo seguía alabándome cuando se percataban de mi existencia. Después, con los meses, la gente pareció no estar tan atenta, simplemente me miraban pero ya no decían nada...poco después ni me miraban. En casa ya no me hacían mimos, ni me limpiaban, a pesar de que yo intentaba gritar a los cuatro vientos que me hacía falta un poco de atención, que el polvo se había colado en mis engranajes y me costaba mover las agujas. Incluso dejaban que me toquetearan los niños con sus pequeñas manitas pringosas…<o:p></o:p>
    <o:p></o:p>
    Pero de esto hace mucho, mucho tiempo ya no tengo mi sitio de honor en la mesilla de noche, pues me llevaron a vivir a una habitación fría y oscura, donde todas las noches oigo llorar a una tal Mariquita Pérez, a la que le pende un ojo de un hilo negro, porque las niñas ya no juegan con ella.<o:p></o:p>
    Reloj no marques las horas, porque mi vida se apaga...

  8. #48
    Avatar de fjho1
    fjho1 está desconectado Milpostista
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    Predeterminado Tributo. (parte I)

    Estaba oscureciendo y el hombre de la gabardina esperaba impaciente bajo la lluvia. Había llegado pronto y ahora el tiempo se le antojaba interminable. Mientras con la mano derecha sostenía el paraguas, con la izquierda hacía un gesto brusco para poder mirar la hora y salvar el obstáculo de su manga. Era un gesto que repetía mucho y duraba más tiempo del habitual. Prestó más atención al brillo del acero de su IWC Portugues que a la hora en sí. Las seis y cuarto. Suponía que no tardaría en llegar la persona a quien esperaba. Se hacía a sí mismo miles de preguntas, pero la decisión estaba tomada. Tenía dudas, por supuesto, pero ahora que había dado el paso no podía echarse atrás. Le había costado mucho llegar a este punto, pero tendría que hacerlo si quería seguir adelante. Nuevas ilusiones que apenas le dejaban dormir.
    <?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /><o:p></o:p>
    Se encontraba tan inmerso en sus pensamientos, que apenas reparó en el hombre que se acercaba. Cuando se quiso dar cuenta se encontraba frente al hombre de negro con gafas. De menor estatura que él, y aunque con poco pelo, sin duda era más joven. En sus ojos pudo ver tantas preguntas como tenía él mismo. Echas las presentaciones, el hombre de la gabardina cerró el paraguas y abrió la puerta del pub irlandés para que pasara su acompañante. Aún no había conseguido ver el reloj del hombre de negro, pero por extraño que parezca, con los nervios ni lo había intentado. Ya habría tiempo.
    <o:p></o:p>
    Sentados frente a frente en una mesa de un rincón, casi clandestino, el hombre de la gabardina mete la mano en el bolsillo de ésta que se encuentra perfectamente doblada a su lado. Saca una caja, la pone sobre la mesa, la abre, y con un mimo casi ritual coge el reloj que ésta contiene. El hombre de negro se inclina y lo contempla por primera vez. El hombre de la gabardina lo tiene muy visto, se lo conoce de memoria, pero precisamente eso mismo hace que el corazón le dé un respingo y se pregunte si se está equivocando, porque él y solamente él sabe la historia que hay detrás de esa pieza. A continuación piensa en su ilusión y se dice a sí mismo que tiene que seguir adelante.
    <o:p></o:p>
    Casi dos horas más tarde, un par de consumiciones y mucha, mucha charla los dos hombres se levantan. Los nervios quedaron atrás pasados los cinco primeros minutos. Salen al exterior, se despiden esperando volver a verse pronto. Mientras se abrocha la gabardina ve alejarse al hombre de negro con la caja en la mano. Allí mismo, de pie, esboza una pequeña sonrisa y piensa: “Me alegro que lo tenga él”.<o:p></o:p>

  9. #49
    Avatar de anferro
    anferro está desconectado Forer@ Senior
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    Predeterminado Sala de espera

    El tiempo pasa lentamente mientras espero. Cada minuto es eterno.

    Miro mi reloj continuamente. Su segundero se mueve de una forma irreal, como si el tiempo no existiera, como si mi cuerpo, mi mente, ya no pertenecieran a este mundo.

    El tiempo pasa lentamente pero, entonces, ¿por qué siento que mi vida huye de mi, deprisa, demasiado deprisa?

    Miro a mi alrededor. Otros, como yo, esperan. Demasiados. Todos cerca de mi pero me siento sólo. Y noto esa misma soledad en sus ojos.

    Llama la enfermera, el corazón me da un vuelco pero no pronuncia mi nombre. Aún no.

    Sigo esperando, esperando qué. ¿Qué deseo?. ¿Qué necesito?. ¿Un mes mas, un año más, toda una vida, un poco de esperanza?. Puede que me baste con una mentira. No lo sé. Ya no sé nada.

    A veces pienso que lo que deseo es que todo termine, otras sólo ansío dormir, soñar, vivir en un mundo de fantasía en el que nada haya ocurrido. Volver a ser un ser anónimo, normal, a veces feliz, sólo a veces.

    Ya somos pocos.

    Pronto tendré que enfrentarme a la realidad, ¿a la vida?. Es gracioso, paradójico, ¿Enfrentarme a la vida?. Me dan ganas de reír, tal vez llorar, todo al mismo tiempo... Otra vez esa palabra, tiempo, justo lo que no tengo. Ese mismo tiempo encerrado en mi reloj, que pugna por salir de su caja, pero que sólo consigue mover unas pequeñas manecillas, lentamente, o tal vez demasiado deprisa.

    Pronto me levantaré y entraré a la consulta como un zombi, como lo que soy, un muerto viviente. ¿Acaso no lo somos todos?. ¿No tenemos nuestra sentencia de muerte firmada de antemano?. Sin futuro pero con esperanza.

    Oigo mi nombre pero antes de nada, de nuevo, miro mi reloj. Su segundero se mueve, que no es poco.
    Última edición por anferro; 06-dic-2007 a las 11:47
    .

  10. #50
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    Predeterminado ¿Cuánto dura un orgasmo?

    ¿CUÁNTO DURA UN ORGASMO?


    Siempre hubo algo de lunático en él, pero traspasó definitivamente la frontera de la cordura poco después de ingresar en la facultad de psicología. Y todo a causa de su gran obsesión: el tiempo. El tiempo, ¿existía realmente? ¿cuál era su verdadera naturaleza?, ¿podía ser medido con exactitud?. En la medida del tiempo está la clave del asunto, me decía. ¿Por qué dismunuye el tiempo en la pasión y aumenta en el sufrimiento? ¿por qué trascurre en nuestra mente más o menos veloz en función del sentimiento que uno experimenta en cada momento? ¿es posible medir las variaciones del propio tiempo?.
    <?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /><o:p></o:p>
    No encontraba respuesta para ninguna de aquellas preguntas, lo cual provocó en él una profunda depresión. Tras varios intentos fallidos, al fin su médico encontró una terapia: fabricar un reloj. Debía montar con sus propias manos un reloj. Era necesario que tocara con sus dedos el mecanísmo, que apreciara el movimiento síncrono de sus engranajes, que descendiera hasta los principios físicos de su funcionamiento, racionalizando la medida del tiempo, de un tiempo empírico y exacto, enterrando de este modo el tiempo subjetivo y mutante que atormentaba su mente.
    <o:p></o:p>
    Finalmente logró construir su propio reloj. Pero ocurrió que cuando empezó a utilizarlo el reloj atrasaba unos días y adelantaba otros. Eran apenas unos segundos, pero lo suficiente como para resucitar el viejo desvarío. Entonces pensó que ya que había podido armar un reloj, podría crear otro con el que medir el tiempo subjetivo. Y así fue como a fuerza de trabajar sin descanso su mente se nubló por completo hasta hacerle creer que lo había conseguido. En su demencia se convenció de que las manecillas se ralentizaban cuando se aburría y en cambio se aceleraban en los buenos momentos.
    <o:p></o:p>
    A partir de aquel instante ya sólo vivía para divertirse y con ello hacer girar más aprisa las agujas de su nuevo reloj atado en su muñeca izquierda, comparándolo constantemente con el antiguo, relegado a la muñeca derecha. Cuanto más rápido lograba hacer avanzar las manecillas, mayor era la ansiedad por incrementar el ritmo. Un orgasmo, se le ocurrió de repente. No podía haber mejor extremo que el clímax de un orgasmo para acelerar el tiempo.
    <o:p></o:p>
    Aquel mismo día acudió a un motel con la primera chica que logró encontrar haciendo la calle. Ella le preguntó si quería hacerlo con aquellos dos relojes puestos. Sí, respondió, y entró en ella, sin apartar la vista de las dos esferas negras. Las manecillas del reloj de la izquierda eran remolinos comparadas con las de su derecha: un minuto a cambio de un segundo, luego una hora, al poco un día, y la velocidad seguió creciendo, hasta que toda su existencia quedó confinada y se agotó en aquel último segundo en el que se consumió su tiempo.
    <o:p></o:p>
    Actualmente malvive en un sanatorio. Siempre que voy a verlo me lo encuentro sentado en la silla de su habitación con la mirada perdida. También ha perdido el habla. Si he de ser sincero, creo que ya habría dejado de visitarlo, de no ser porque algunas veces me parece descubrirlo contemplando, apenas un instante, la esfera del viejo reloj parado que aún luce en su muñeca izquierda.