... y con ello, tener lo mejor de dos mundos: la autonomía de un automático, que no requiere el acordarte simpre, cada día, de darle cuerda, con "eso" que tienen los de carga manual, que necesitan una dosis de caricias, al menos una vez a la semana, para que su dueño les dé vida. El "efecto tamagotchi", como leí una vez en algún lugar