Magistral. Quizá faltaría añadir que en la época en la que María no hacía más que vender relojes, todos creían estar en el mejor de los mundos posibles. Nadie parecía dispuesto a pinchar la burbuja relojera, porque, qué demonios, ¡si la gente compra relojes -cada vez más caros, y sin razón aparente para ello- es porque tiene dinero para comprarlos!