Ha fallecido el Presidente y cofundador de Swatch. Paso a transcribir el obituario de La Vanguardia como homenaje a un visionario del mundo de la relojería.

EL RELOJ DEMÓCRATA

Ocurrió cuando se encontraba trabajando en las oficinas de la compañía suiza. Un paro cardiaco se encargó de parar definitivamente su tiempo. Conocido como Mr. Swatch, Hayek era uno de los empresarios más influyentes del país helvético. A pesar de que en el 2003 ya había cedido las riendas a su hijo continuaba acudiendo a las instalaciones del grupo.
Nicolas nació en 1928 en Beirut, de madre libanesa y padre estadounidense, vivió sus primeros 12 años entre esta ciudad y el pueblo de Khoura y se educó en escuelas católicas. Sus padres decidieron mudarse a Francia, donde realizó estudios en matemáticas, química y física nuclear. A los 21 años empezó a trabajar en la aseguradora Zurich. Una vez en Suiza conoció a su esposa, una joven de 18 años de apellido Mezger, y se situó al frente de la empesa metalúrgica de su suegro.
"Cuando una empresa, y la aerolínea Swiss fue un ejemplo de esto, es dirigida por administradores y no por empresarios, su destino es la quiebra -explicaba-. Se necesita gente despuesta a dejarse la piel en un proyecto". Él convenció a los bancos, consiguió socios y arriesgó su propio capital. Lanzó Swatch al mercado y, con él, logró democratizar el consumo de relojes.
En 1983 se constituyó formalmente SMH, fruto de la fusión de dos de las principales relojeras de la época y en 1998 se transformó en Grupo Swatch en honor del reloj que les hizo famosos, uno que en lugar de tener más de 90 piezas, como solían los relojes helvéticos, contaba sólo 51, lo que abarató su costo. "A todos les parecía una locura pensar que un reloj hecho de plástico podía rescatar la industria. Incluso mis amigos se burlaban. Pero hicimos un reloj con "alma", de alta calidad a bajo precio, sinónimo de provocación y ganas de vivir".
Dejó en su escritorio obras de Lamartine, en la pared el poema de Kipling -"serás hombre hijo mío"- y en el umbral de sus 82 años un deseo: "Quisiera crear una sociedad que permitiera a cada uno ser un poco más feliz, que deje a cada cual sacar lo mejor de sí mismo sin importar lo que haga o diga el vecino".