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Hilo: Algunas reflexiones sobre el Coleccionismo. - Esenciales

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    Predeterminado Algunas reflexiones sobre el Coleccionismo.

    UN ENSAYO: ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL COLECCIONISMO.
    Por Tonín.

    Deseo compartir con los colegas que integran este Foro, que tengan la gentileza y paciencia de leer los textos que siguen, algunas reflexiones sobre el coleccionismo en general y sobre la de relojes en particular.

    En ocasiones anteriores, he manifestado que no me considero un coleccionista de relojes, sino simplemente, un apasionado por los mismos, por lo tanto, algunos que lean este ensayo, podrá preguntarse qué autoridad tiene, quien esto escribe, para presentar ante ustedes, el presente ensayo.

    Deseo aclarar, que efectivamente no me considero un coleccionista de relojes, porque no poseo ni la cantidad, ni la calidad que habitualmente se asocia a un coleccionista, y lo que es fundamental, ni los conocimientos técnicos, ni la dedicación que se requiere para ser considerado como tal, según mi propio punto de vista, y tal como trataré de explicar a lo largo de este escrito.

    Pero sí he mantenido una actividad de coleccionismo e investigación de otros objetos, a los que les he dedicado más de 30 años de mi vida, y en cuyo transcurso, a través de mi propia actividad, y de la relación entablada con los coleccionistas colegas, con coleccionistas de otros diferentes objetos, con anticuarios y comerciantes en general, he ido formando mis propias ideas acerca de lo que significa ser un coleccionista, y no un simple “acumulador” de objetos de similar género.

    Trato pues, de transmitir aquí algunos pensamientos surgidos a lo largo de todo ese tiempo durante el cual he transitado por el coleccionismo de objetos de diversa índole desde mi ya lejana niñez y juventud, (estampillas, trenes en miniatura, lapiceras, armas antiguas, etc.) hasta llegar a los objetos –no son relojes- que ocuparon mis últimos 35 años, aunque la mayoría de estas opiniones que vierto, pueden aplicarse al coleccionismo de cualquier objeto.

    Mi contacto con el coleccionismo, durante tan extenso espacio de tiempo, me ha dado la singular oportunidad de ponerme en contacto con muchos coleccionistas, aquí y en el exterior, tanto de los mismos objetos en los que yo me interesaba, como de algunos otros objetos que jamás se me ocurriría coleccionar, o para los cuales yo jamás dispondría del dinero suficiente para hacerlo, aunque deseara poseerlos.





    ¿Qué objetos son coleccionables, y cuáles no?

    No se puede definir a priori, si un determinado objeto es o no “de colección”.

    Cualquier objeto puede ser sujeto de una colección, y los relojes no escapan a dicha posibilidad, considerando una premisa básica del coleccionismo: si un objeto despierta nuestra atención e interés, y si existe más de una variante del mismo, seguramente será interesante formar una colección de ellos.

    Generalmente, el coleccionista se inicia como simple usuario del objeto. Luego, por alguna razón se interesa en el mismo, lo estudia y busca mayor información sobre el mismo y, eventualmente, adquiere un segundo ejemplar. Si por algún motivo, su interés se ve estimulado, compra un tercero, un cuarto o un quinto, y así, sin darse cuenta, se ha convertido en un coleccionista en potencia.

    En general, el interés se ve retroalimentado con la profundización del conocimiento que alcanzamos acerca de un objeto. Esto nos mueve a buscar información adicional, y a desear adquirir otro ejemplar.

    Sin embargo, el diferenciar entre un conjunto de objetos, y una colección de ellos, es algo importante.

    Si alguien compra a lo largo del tiempo, digamos 7 u 8 relojes muy bonitos, con el fin de usarlos en distintas circunstancias (uno para inmersión, otros para usar con prendas de vestir formales, un cronógrafo para cuando se va a carreras de automóviles, otro para acompañar prendas de vestir informales, etc.), y su dueño los guarda en un cajón de su vestidor, muy posiblemente su propietario no tenga la menor intención de convertirse en un coleccionista de relojes, y ni siquiera haya pasado por su mente un instante, la posibilidad de hacerlo.

    En este ejemplo, el contenido de dicho cajón, no es una colección de relojes, sino simplemente, un cajón lleno de relojes muy bonitos, de la misma manera que el cajón de su lado, repleto de calcetines, no es una colección de calcetines.

    Viene entonces aquí un concepto importante: el primero, que en el coleccionista surge una pasión, y una intención manifiesta, de acumular ejemplares. Es muy probable que estos dos factores no surjan de inmediato, pero tarde o temprano, habrán de manifestarse, para dar lugar al verdadero espíritu del coleccionista.

    Luego existe otra clave, que es “el deseo”, del individuo, el instinto de posesión, y de poseer varios ejemplos de una misma clase de objetos.

    Un deseo muchas veces inexplicable y hasta irrefrenable, que lo lleva a elegir y adquirir, sólo aquellos que cumplen con ciertos parámetros personales de estética, de estilo, que conforman su gusto personal.

    En el caso de los relojes, esta elección es muy importante hacerla en forma que nos satisfaga plenamente, pues a diferencias de otros objetos coleccionables, como pueden ser armas, cuadros, esculturas o estampillas, los relojes tienen una ventaja que aquellos no poseen, y es que podemos disfrutarlos llevándolos en el pulso, o en un bolsillo, según el caso, contemplándolos en cualquier momento, y cumpliendo un cometido práctico para el cual fueron creados: dar la hora.

    Esa posibilidad de poder tenerlos con uno, es algo que produce mucho placer, y que creo que es único en el coleccionismo de objetos.

    Otro elemento vital, es el realizar una diferenciación que siempre consideré de gran importancia, entre "acumulación" y "colección". La acumulación, es precisamente, el resultado de haber juntado una cantidad de objetos de índole similar, sin una planificación previa, o vinculación aparente o predeterminada.

    Es lo que hace habitualmente un coleccionista en potencia, antes de convertirse realmente en tal.

    La colección, tiene por otra parte, un enfoque más formal que la mera acumulación, donde ya veremos más adelante que surgen dos elementos característicos de fundamental importancia: la especialización, y la vinculación lineal entre los objetos que la componen.




    Acumulación: ¿una aproximación al coleccionismo?

    No existe (afortunadamente) ninguna ley que obligue a los seres humanos a acumular objetos, ni mucho menos a coleccionarlos.

    Los dos enfoques (acumular o coleccionar) pueden satisfacer por igual, a quienes encaren una u otra forma de vincularse con los objetos.

    Pero es importante creo, saber distinguir la diferencia entre ambos enfoques, sin que esto implique una desvalorización del primero respecto al segundo.

    Sin embargo, la especialización, es una de las claves del coleccionismo de cualquier objeto, sean pinturas, estatuillas de porcelana, estampillas, automóviles antiguos, relojes de alta gama, armas de fuego o cuchillos.

    Esto es así, porque no existe bolsillo del mundo (salvo que el coleccionista sea un petrolero texano) que permita adquirir toda pieza que se cruce en su camino y despierte su interés.

    Además, desde el punto de vista del estudio, la investigación, y de la necesaria bibliografía a consultar, es más fácil aprender con relativa profundidad, acerca de un cierto tema en particular, que conocer acerca de todas las variantes que pueden presentarse.

    La especialización es algo a lo que tarde o temprano todos los coleccionistas llegamos, por las razones expuestas.

    Así, por ejemplo, un coleccionista de relojes puede elegir entre una enorme variedad de temáticas: una tipología de reloj (cronógrafos, “divers”, una marca en particular, un período de tiempo determinado, etc., etc.) para definir el objetivo de su colección personal.

    El acumulador junta sin un rumbo preciso. Si le gusta una pieza y está al alcance de su bolsillo, la adquiere. Y si esto le hace feliz, no tiene nada de objetable.

    Pero es interesante aclarar que eso no es coleccionar, en el sentido formal, aceptado universalmente.

    El coleccionista adquiere las piezas que le atraen, y que su presupuesto le permite, pero siempre que "entren" dentro de los parámetros que él mismo se fijó de antemano para su colección, parámetros que pueden ser tan amplios y diversos, como él mismo lo haya decidido.

    Justo es destacarlo, que no existe ningún coleccionista serio, que alguna vez no sucumba a la tentación de adquirir una pieza que no tiene absolutamente nada que ver con su colección, pero que le ha gustado poseer.

    Afortunadamente, tampoco existe ley que lo prohíba, ni esta actitud daña a nadie.

    La especialización viene siempre por peso propio, porque de otra manera, los recursos económicos y físicos requeridos serian inalcanzables.

    Uno siempre debe imponerse objetivos claros, y ciertos límites si quiere llegar a un fin determinado.

    El coleccionismo es una actividad eminentemente recreativa, y como tal debe proporcionar placer y satisfacción a quien lo practica, de lo contrario deja de ser un “hobby”: una actividad placentera que debiera practicarse con verdadero gusto, y sin presiones u obligaciones.




    El secreto de la actividad de coleccionar, es el poder disfrutar de su práctica.

    En tal sentido, es importante que la colección lo satisfaga a uno y no ensamblarla pensando en que satisfaga a terceros, un error en el que lamentablemente suele incurrirse.

    De manera que, en coleccionismo, hay que hacer lo que a uno le haga feliz y proporciones placer, sin importar otra cosa, puesto que no hay restricciones de ningún tipo (salvo, eventualmente, las legales que rigen en el lugar donde cada uno vive, y que felizmente en nada restringen la posesión de relojes, cualquiera sea su número, siendo tal vez, la única legislación, la que reglamenta los impuestos a tributar en caso de traerlos del exterior)

    Deseo aclarar que, personalmente, no creo que exista un coleccionista en estado totalmente puro, y debo admitir que yo mismo incurro a veces, en "el pecado" de comprar lo que me gusta, aunque no esté estrictamente relacionado con mi objetivo principal auto propuesto.

    Las tentaciones son muchas en este mundo tan particular de los coleccionistas, y no hay nada peor que lamentarse de no haber seguido los dictados del corazón y haber perdido una pieza para siempre.

    Adquirir una nueva pieza, siempre es reconfortante, placentero, gratificante, y si más tarde nos arrepentimos de haberla comprado, o perdemos el interés en ella, siempre podemos revenderla o intercambiarla con un colega o un vendedor, con poca o ninguna pérdida económica.

    Aun en caso de venderla a un precio inferior al pagado, podemos considerar la pérdida, como el “precio” pagado por el haberla disfrutado todo ese tiempo durante el cual colmó nuestras fantasías.

    Mucho peor es lamentarse de no haber comprado algo que nos gustó realmente, y que estaba dentro de nuestras posibilidades económicas, pero que perdimos por haber dudado, o por no haber actuado a tiempo.

    Los coleccionistas deben tener siempre en sus mentes el viejo lema que nos rige: “Lo único de lo cual se arrepiente un coleccionista, es de las piezas que no ha adquirido”.




    ¿Qué es una colección?

    Podríamos recurrir al Diccionario de la Real Academia Española como primera aproximación: “Colección. (Del lat. collectĭo, -ōnis). Conjunto ordenado de cosas, por lo común de una misma clase y reunidas por su especial interés o valor. Colección de escritos, de medallas, de mapas.”

    Esta definición nos aproxima bastante al tema.

    Para muchos, acumular o coleccionar es exactamente lo mismo: un conjunto de objetos del mismo tipo o naturaleza.

    Pero yo agregaría para diferenciarla de la acumulación, que en la colección, existe una vinculación entre los objetos que la componen. Tienen un hilo o eje que las une.

    Como dice el Diccionario, es un conjunto ordenado, y de una misma clase, y han sido reunidas por su interés especial (y en cuanto a su interés, yo aclararía que puede ser económico, o histórico, o científico, o simplemente el del valor sentimental que posee para el coleccionista)

    Las sucesivas adiciones a la colección, tienen una explicación, al menos para el coleccionista. Agregar una nueva pieza, es responder a la necesidad propia de la misma colección y sirve para complementar y mejorar el conjunto.

    La colección parece tener una entidad propia, y estar en permanente cambio y evolución. Está en constante movimiento.

    Pero no se mueve en sentido lineal, sino en una forma que podríamos llamar ondulante, pues siempre admite variantes, anexar otros temas, y otros intereses alrededor de la temática principal.

    A veces esos movimientos hacia los costados, nos lleva a tentarnos con incorporar una pieza que no tiene vinculación estricta con el eje de nuestra colección.

    Otras veces, esos movimientos laterales nos llevan a adicionar elementos accesorios al objeto principal.

    Así por ejemplo, una colección verdaderamente completa incluye escritos, láminas, publicidad de época, catálogos, accesorios, herramientas y otros objetos relacionados con los fabricantes, etc..

    Los lectores que hayan prestado atención a las fotografías de los libros que analizan la historia y coleccionismo de relojes, habrán advertido que no sólo se muestran relojes, sino también diversos objetos relacionados con su historia, su fabricación, o los lugares donde se los produce.

    Los objetos que componen una colección, "cuentan algo" a su dueño, o a quien la observa. Narran una historia, relatan los pormenores de una técnica, o explican una época o una evolución.

    Es importante mencionar, que en una colección no importa para nada ni la cantidad de piezas que la componen, ni el valor económico de las mismas. “Valor” y “precio” son cosas totalmente diferentes.

    De hecho, puede ser que en conjunto una colección tenga un precio de compra muy bajo, pero para su dueño, tienen un valor incalculable, en recuerdos y anécdotas o bien por las circunstancias y esfuerzos realizados para adquirirlas.

    La cantidad tampoco tiene importancia, pues como vimos en los ejemplos anteriores, unas pocas piezas forman una acumulación o una colección, mientras que hay otras que se componen de decenas, o de cientos de ejemplares.

    Sólo depende del interés personal, de la pasión, de las posibilidades económicas, y de las aspiraciones del coleccionista, el ponerle un número a la cantidad de piezas que la componen.

    En general, la experiencia nos dice que la colección nunca tiene fin, pues la pasión y el afán del coleccionista por adquirir “otro más”, siempre surge, aunque cien veces se prometa a si mismo, “este es el último que compro” o se trate de convencer que “con éste completo mi colección”.

    Lo cierto es que una colección no tiene nunca fin, ni jamás se llega a completar, y es probablemente ese sentimiento de frustración que le provoca advertir esta realidad, la que impulsa al coleccionista a seguir incorporando piezas.



    El verdadero coleccionista. Su responsabilidad frente a las futuras generaciones.

    El verdadero coleccionista no se dedica únicamente a la incorporación de piezas.
    Hay una actividad adicional, que lo distingue del “acumulador”.

    Las estudia, las clasifica, toma notas en fichas o cuadernos, sobre las características de cada una de ellas, anotando lo que ha descubierto o investigado al respecto.

    Además, el verdadero coleccionista es un apasionado lector de todo material bibliográfico que pueda obtener sobre el tema. Busca catálogos, libros, revistas, artículos, fotografías, videos, referencias, etc..

    Muchas veces, todo ese material de investigación obtenido a través de los años, forma una verdadera colección en sí misma.

    El coleccionista apasionado, se informa sobre la época en que se fabricaron las piezas, sobre quiénes las usaban y sobre quiénes las fabricaban y cómo eran las tecnologías vigentes en distintas épocas. Busca permanentemente información, de la bibliografía disponible, o del intercambio de experiencias con otros colegas.

    También dedica una buena parte de su tiempo, al mantenimiento regular, e inspección de los ejemplares que forman su colección.

    El coleccionista tiene conciencia de que él es un dueño temporario de las piezas, un simple custodio, un “curador” de los ejemplares que posee.

    Porque los relojes, como muchos otros objetos que nos rodean, tienen una permanencia física mucho mayor que la de cualquier ser humano, si son conservadas adecuadamente.

    Por lo tanto, con toda seguridad, el coleccionista va a desaparecer, y las piezas quedarán y cambiarán de dueño varias veces antes de desaparecer ellas mismas, si alguna vez lo hacen.

    Por lo tanto, hay que tener conciencia de la gran responsabilidad que tenemos, con el cuidado de las piezas y su conservación en el mejor estado posible, preservando su originalidad, como también mantener registros sobre las mismas. Será nuestro legado a las futuras generaciones de coleccionistas o de estudiosos del tema.

    O por qué no, para nuestros familiares que las reciban, para asegurarles que sepan qué es lo que han recibido como herencia, y si deciden deshacerse de ellas, con una pretención de obtener un rédito económico razonable, ayudarles para que no sean burlados por los oportunistas que siempre hay, lamentablemente.




    La caza y la captura (búsqueda, hallazgo y adquisición)

    Es interesante comentar, una observación que he hecho a nivel universal, esto es, que ocurre cualquiera sea el objeto que se colecciona -cuadros, medallas, estampillas, esculturas, armas, automóviles clásicos, relojes, etc.-, y es válido entre coleccionistas de todo el mundo.

    Uno de los mayores placeres, o quizás lo que mayor excitación produce al coleccionista, es el descubrimiento de una pieza, y todo lo que usualmente supone adquirirla, sea pagando su precio o intercambiándola por otra. Convencer a su actual dueño para que la venda, lograr un precio adecuado (¡cuanto menor sea ese precio, mejor!), convencer al dueño de un canje provechoso (¡para nosotros!), obtener un préstamo de dinero para poder adquirirla, solicitar un plazo de pago, o perseguir –lo más discretamente posible- a una persona durante semanas, meses o años, esperando que se decida, por fin, a desprenderse de ella, en nuestro favor.

    Una vez adquirido un nuevo ejemplar, se logra el climax del proceso de caza y captura: la excitación que produce el convertirse en dueño del ejemplar codiciado. Este es el punto máximo de cada incorporación a la colección.

    Le sucede un período breve de tiempo tras la reciente adquisición: unos días de embeleso en que se la admira, se la tiene una y otra vez en las manos, se la acaricia, se descubren sus detalles, se la cataloga, y se la coloca en la vitrina o cajón que la alojará junto a la colección, y donde recibirá nuestra mirada de tanto en tanto, y donde estará bien a mano para una nueva inspección o bien para su uso, como es típico en el caso de los relojes.

    Pero de pronto, y en breve lapso, sucede que cae bruscamente la curva del interés. Significa que ha llegado la hora de comenzar la cacería de una próxima pieza.

    No significa que ya no nos interese más esa pieza recién adquirida, o que ya no nos guste, sino que hemos cumplido el ciclo, el rito se ha completado, y ha llegado el momento de pensar en la próxima incorporación.

    Como dije antes, el reloj, tiene una enorme ventaja respecto a otros objetos coleccionables de diversa índole, que es la posibilidad de llevarlo a diario en la muñeca, para ser usados para leer la hora.

    En este sentido, la rotación de las piezas, el elegir cada mañana uno distinto para llevar en el pulso, y el placer que conlleva esa elección, y posteriormente durante el día, la satisfacción que produce el ir dándole miradas de vez en cuando, aunque no tengamos interés en saber la hora, es una característica casi única que los distingue por sobre otros coleccionismos.





    Objetos que nos hablan

    Cuando uno estuvo mucho tiempo coleccionando un objeto, se llega a desarrollar un instinto (¡algunos afirman que se trata de una pequeña locura!), por el cual los objetos "nos hablan".

    Claro, no quiero decir que lo hacen en el sentido literal de la palabra. Quiero significar que el individuo que se topa con un objeto de los que colecciona, sólo se entusiasma por la posibilidad de poseerlo, si el mismo “le llega” o como dije, “le habla” a su corazón.

    Por más que lo haya realizado el artesano más encumbrado, o la fábrica más famosa, aunque su caja sea de platino u oro, y aunque cueste una fortuna y nosotros estemos en condiciones de poder pagarla, si el objeto "no nos habla" es decir, si no nos llega a lo profundo de nuestro corazón de coleccionista, si no nos conmueve, seguramente no lo trataremos de obtener para nuestra colección.

    No se trata de belleza, de maestría de ejecución, o magnificencia de los materiales. Se trata de "que nos llegue al alma".

    Un viejo dicho afirma: "la belleza está en los ojos del observador" y por ello, es el dueño de la colección (o de la acumulación) el único en condiciones para decidir si una pieza entrará o no en su propio dominio.

    El coleccionista, en su apasionamiento por el objeto, deja de lado el fin primordial del objeto coleccionado. Hace abstracción del fin para el cual fue creado, y se ve motivado por sus formas, sus materiales, su ejecución, por la historia de los hombres que los crearon o de quienes los usaron, etc. Se ve atraído por la creatividad del Hombre para crear herramientas y mecanismos, y por su ingenio para responder a necesidades específicas, y resolver problemas técnicos para poder fabricarlos.

    El reloj, a pesar de su pequeño tamaño, es un enorme monumento que honra y pone en evidencia el ingenio del hombre. ¡Cuántas veces nos habremos detenido a reflexionar, motivados por la observación de sus complejos mecanismos, con sus ruedas dentadas, palancas, levas, ejes y muelles, moviéndose en conjunto y armoniosamente, para dar vida a las agujas y cumplir con sorprendente precisión su cometido de medir el tiempo, un elemento tan sutil como efímero, con que los Hombres hemos pretendido medir el paso de nuestras propias vidas!

    Como sabemos, existen relojes de todo tipo: los hay modestos y sencillos, o complejos y ampulosos, modernos o “vintage”, pero para el apasionado, pueden aparecer como obras de arte, como objetos nacidos del ingenio y habilidad de otros hombres.

    Todo eso lo percibe el coleccionista, porque para esta actividad es necesario también tener una sensibilidad especial.



    La sensibilidad del coleccionista.

    Así como un artesano debe tener, además de técnica y habilidades manuales, una especial sensibilidad al ejecutar su obra, el coleccionista debe tenerla para percibir lo que hay detrás de un objeto.

    Recordemos que la mayoría de las piezas que se coleccionan (salvo que sean esas ediciones limitadas, o para coleccionistas con que ahora suelen sorprendernos los grandes fabricantes) no han sido construidas con ese fin, sino con su objetivo primordial: ser un instrumento de medición del tiempo.

    Tiempo más tarde llega el coleccionista y la descubre en una vitrina de una tienda, o en una feria de antigüedades, y su sensibilidad le hace "escuchar" lo que esa pieza le relata.

    Tocándola, observando sus múltiples cicatrices, fruto de su uso, percibe su pasado, si son de segunda mano, y se ve atraído a incorporarla a su colección.

    A veces se encuentra con una pieza de reciente factura, realizada por un verdadero artista, tal vez decorada con grabados u otras formas de embellecimiento, que requieren la sensibilidad necesaria para apreciar un trabajo de esta naturaleza, que convierte al ejemplar en verdadera obra de arte.

    Es la sensibilidad y la pasión, y por que no, una pizca de obsesión, lo que nos mueve, y a eso mismo me refería anteriormente, cuando afirmaba que "las piezas nos hablan", y así, nos confían sus secretos si nosotros, los coleccionistas aprendemos a escucharlas, si poseemos la sensibilidad necesaria.




    Consideraciones finales.

    El coleccionismo, me ha brindado enormes satisfacciones, con la posibilidad de viajar y de conocer a personas y lugares extraordinarios, que seguramente jamás habría conocido o visitado, de no ser por esta actividad. Muchas amistades que mucho valoro, y que han enriquecido mi vida -algunas con personas que se encuentran a enormes distancias de donde vivo y trabajo- las debo a esta actividad como coleccionista.

    Es mi deseo, que esta actividad de coleccionar, sirva también para enriquecer las vidas de quienes integran este Foro, y a quienes han tenido la paciencia para dedicar su tiempo a leer estos párrafos que les presento aquí, y que les brinde tantas horas de felicidad, satisfacción y solaz, como me ha brindado a mi.

    Espero igualmente, poder considerarme algún día, un verdadero coleccionista de relojes, de acuerdo a los lineamientos que aprecio necesarios para ser llamado como tal.

    Muchas gracias amigos, y les envío un muy cordial saludo, Tonin.
    Última edición por tantdetemps; 08-mar-2011 a las 19:05
    “Lo único de lo cual se arrepiente un coleccionista, es de las piezas que no ha adquirido”.

  2. #2
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    Última edición por tantdetemps; 19-feb-2011 a las 19:16

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